Recientemente tuve la oportunidad de participar en una reunión y posterior almuerzo, donde el centro de atención fue el alcalde de Cartagena, Dumek Turbay. Observé a un líder lleno de energía y optimismo, que explicaba a un grupo de observadores internacionales los proyectos de transformación de la ciudad. Escucharlo hablar del Plan de Protección Costera, del Gran Malecón del Mar, de la adecuación de espacios turísticos, del transporte público fluvial, de la recuperación de El Laguito, de los proyectos viales y de muchas otras iniciativas fue realmente sorprendente.
Un líder preparado y conectado con la gente
Lo que pudimos observar fue a un gran líder que se preparó para gobernar su ciudad: conociendo los problemas, haciendo planeación estratégica para solucionarlos y gestionando recursos para financiarlos. Pero, sobre todo, me sorprendió su gran capacidad de conexión con la gente. Cuando sale a la calle, los transeúntes quieren saludarlo, sentirlo cerca, transmitirle sus inquietudes y también hacerle sentir su gratitud por lo que está haciendo, pues los avances de obra son notorios en toda la ciudad. Además, estos frentes han fomentado el empleo, dinamizado la economía y sembrado el optimismo durante tantos años perdido.
El modelo de gestión de Dumek Turbay
El modelo de Dumek Turbay merece ser estudiado y evaluado en toda su dimensión: supo rodearse de gente trabajadora y carismática que, a la par con él, marchan a buen ritmo, hacen avanzar los proyectos y vigilan la calidad de su ejecución, así como la transparencia de la actuación. Cartagena es una joya de todo el Caribe, un referente mundial por su pasado histórico y el legado español que se traduce en sus murallas y edificaciones, hoy mayoritariamente restauradas. Esto significa un atractivo cada vez más apreciado, razón que ha comprometido a los inversionistas turísticos a traer sus capitales y desarrollar proyectos de envergadura, como el gran hotel Four Seasons que todos queremos conocer, convertido en toda una sensación arquitectónica, además de múltiples proyectos que quieren aterrizar en una ciudad que exhibe empuje, buen manejo y excelentes perspectivas.
Un buen alcalde es sin duda una enorme fortuna para cualquier ciudad, pues en un cuatrienio es posible hacer mucho, pero también resulta ser la ocasión para retroceder y dejar las aspiraciones de la ciudadanía aplazadas y frustradas cuando no se cumple la tarea, o cuando se mezclan factores perturbadores como la desidia y la corrupción. Buen viento y buena mar para nuestra amada ciudad.



