El edadismo de género es una forma de discriminación que afecta a las mujeres en todos los ámbitos: laboral, social y familiar. Aunque poco se habla de él, se percibe de manera constante. Un ejemplo reciente fue la reacción a la participación de Andrea Echeverri, vocalista de Aterciopelados, en el Tiny Desk de NPR. A sus más de 50 años, la artista no fue juzgada por su talento o trayectoria, sino por su apariencia: algunos comentaron que "se creía de 20", que estaba "muy vieja para vestirse así" o que su imagen no era "acorde con su edad".
¿Qué es el edadismo de género?
Ana Eloísa Zúñiga, activista y fundadora del Movimiento Perennial, explica que el edadismo abarca estereotipos y sesgos relacionados con la edad, pero se manifiesta de forma distinta en hombres y mujeres. Tras ser despedida a los 54 años por su edad, Zúñiga creó este movimiento para ayudar a personas mayores a mantenerse vigentes en el ámbito laboral. "Mis conferencias se centran en las dificultades que surgen cuando damos más importancia a la edad que al potencial", señala.
La abogada y columnista Ana Bejarano añade que el edadismo de género es una forma de control: "Mientras a los hombres el paso del tiempo los 'asienta' y les suma valor, a las mujeres las encierra en cárceles estéticas, intelectuales y comportamentales". Ejemplos simples pero contundentes muestran el doble rasero: un hombre con canas y arrugas es 'interesante', mientras que una mujer es 'una vieja'. Este sesgo no es nuevo, pero se hace más visible en un contexto de mayor longevidad. Hoy, una persona de más de 50 años tiene décadas de vida activa por delante, pero culturalmente se sigue tratando la edad como un límite.
El caso de Andrea Echeverri
Andrea Echeverri respondió con contundencia a las críticas: "Sí, soy vieja… ¿y qué? ¿Quién dijo que no estoy vieja? ¿Quién dijo que no estoy loca? ¿Qué me importa lo que digan un par de idiotas machistas?" Citó la letra de 'El estuche', canción de 1998: "Mira la esencia, no las apariencias". Para ella, el ruido mediático ha sido tonto: "Un par de idiotas criticaron y todo el mundo les da visibilidad… ya es demasiado". Sin embargo, reconoce que la polémica abre una conversación necesaria, aunque insiste en que "no hay nada que defender". "Nunca entré a esta profesión queriendo ser sex symbol. Soy cantante, y canto bien", afirmó.
El edadismo en el ámbito laboral
En el mundo laboral, el sesgo es evidente: la experiencia en los hombres suma; en las mujeres genera sospecha. A partir de los 40 años, muchas mujeres enfrentan barreras para conseguir empleo bajo la idea de que ya no están "actualizadas". Zúñiga advierte que esto se suma a un contexto estructural: mayor expectativa de vida, sistemas pensionales desajustados y una economía que aún no incorpora plenamente el valor del talento sénior. Paradójicamente, el futuro apunta en sentido contrario: sociedades envejecidas donde el conocimiento acumulado será clave.
La presión social y la invisibilidad
La periodista de moda Beatriz Arango señala que muchas "reglas no escritas" nacen en el entorno cercano, con consejos como "ese vestido no es para tu edad" o "esa falda está muy corta". El problema es que muchas mujeres dejan de usar lo que les gusta, no porque no quieran, sino por miedo al juicio. Arango invita a las mujeres a elegir lo que las haga sentir bien y a optar por marcas sintonizadas con la estética de las mujeres mayores de 50 de hoy.
Bejarano destaca que las mujeres también reproducen estas estructuras: "La crítica estética, el juicio y la vigilancia circulan entre ellas mismas, alimentando el problema". Por ello, más que soluciones inmediatas, el énfasis está en visibilizar: "Estamos en el primer paso, que es nombrarlo".
Hacia una mayor libertad
Lo ocurrido con Andrea Echeverri no es un caso aislado, sino una muestra de lo feroz que puede ser la sociedad con las mujeres. Afortunadamente, cada vez más personas empiezan a vivir en libertad, sin someterse a lo que otros opinen de ellas. No cortarse el pelo al cumplir 50, pintarse las uñas de colores vivos, tatuarse o llevar minifaldas empieza a dejar de ser disruptivo. Es un tema poco conversado y por eso hay que seguir abordándolo.



