Avanzas en el sendero espiritual si te valoras y aceptas a otros como seres independientes. Eso implica amarte y amar sin ataduras, con un amor libre, sin las cadenas de la posesividad. No es fácil, ya que cuando el amor propio es débil, los apegos se cuelan por los entresijos del alma. Entonces crees amar, pero amarras al ser querido, lo dominas y te le pegas como una sanguijuela. Es grave llamar amor al asimiento; sufres y lastimas con una relación absorbente y asfixiante.
El riesgo de amar sin amarrar
Mira si quieres asumir el riesgo de amar sin amarrar, de respetar al otro y soltarlo. Hazlo con tu pareja, tus hijos y tus amistades, y déjalos que hagan su propio camino. No es fácil, pero solo así estás en paz y, si alguien se va, no te deprimes ni piensas en suicidarte.
Reflexión de Gonzalo Gallo
Gonzalo Gallo, conferencista y escritor, autor de 25 libros, dos de ellos para México, con 25 años trabajando en medios como prensa, radio y televisión, lleva más de 25 años escribiendo para El País. En esta columna, nos invita a reflexionar sobre la diferencia entre amar y poseer, y la importancia de la libertad en las relaciones humanas.



