Cecilia Orozco Tascón, columnista de larga trayectoria, ha decidido apartarse del reciente debate sobre un material de denuncia electoral difundido por un canal oficial. Aunque en el medio periodístico actual esta práctica no es común, Orozco se acoge a sus principios éticos y declara su impedimento para participar en la controversia. La razón es simple pero contundente: mantiene relaciones contractuales con uno de los medios involucrados en la polémica. Cualquier posición que tomara sería malinterpretada, por lo que prefiere abstenerse.
La improductividad de la disputa
Según Orozco, el debate ha sido improductivo porque se ha centrado en exaltar o descalificar egos, dejando de lado la pregunta fundamental: ¿es cierto que en la actual contienda presidencial se han organizado paracampañas o campañas subterráneas, sin conexión directa con las oficiales, para capturar ilegítimamente la adhesión de grupos de electores? Y más importante aún, ¿se está logrando esa adhesión mediante triquiñuelas emocionales, como manipular los miedos y las urgencias económicas de la gente?
Antecedentes históricos y globales
Orozco señala que, si se confirma la existencia de este fenómeno en Colombia, no sería algo nuevo. Aunque no se admita abiertamente, los políticos cínicos del mundo aceptan que es inevitable apelar al lado oscuro de las campañas para garantizar el control del Estado. Maquiavelo enseñó en el siglo XV que el fin justifica los medios y que hay que eliminar al príncipe que usurpó el poder. Un ejemplo moderno es Donald Trump, quien manipuló hábilmente los sentimientos de sus electores mediante frases repetidas sobre la crisis del sistema, amenazas económicas, ridiculización de rivales y promesas de un futuro mejor.
La oportunidad de la oposición en Colombia
La oposición al gobierno colombiano y a su candidato, debilitada por escándalos de corrupción y errores en la ejecución de programas, tiene una oportunidad de oro para maquiavelizar el debate antes de las urnas. Que estos propósitos sean impulsados por personajes que cada cuatro años se promocionan como estrategas no es sorprendente, ni que sus financiadores sean grandes conglomerados y empresas. La condición es que la conspiración sea tácita, nunca explícita, para mantener las apariencias y evitar consecuencias si el vencedor es la víctima de la manipulación.
El papel de los sectores políticos
No es hipotético que el sector que perdió el poder hace cuatro años sea partícipe de las paracampañas actuales, pasando de defender ideas conservadoras admisibles a adoptar un extremismo que niega el derecho a la vida del contrario. Por eso, no extraña que tenga éxito en las encuestas quien esgrime como virtud la extrema coherencia y critica a la derecha domesticada.
El futuro electoral
El futuro de los colombianos no está solo en manos de candidatos leales a las reglas, sino también en las campañas que buscan sepultar su pasado, en las cadenas de bodegas digitales y en fundaciones que financian paracampañas. Quien quiera ignorarlo es libre, pero se le notará la cara de bobo, concluye Orozco.



