Santander incumple la ley al no invertir el 1% del presupuesto en protección de fuentes hídricas
Santander no invierte el 1% del presupuesto en protección del agua

Santander enfrenta crisis hídrica por incumplimiento de inversión obligatoria en protección del agua

El departamento de Santander atraviesa una situación crítica en la protección de sus fuentes de agua, con graves consecuencias para el presente y futuro de sus habitantes. La razón principal radica en el incumplimiento sistemático de una obligación legal que lleva más de tres décadas vigente: destinar al menos el 1% del presupuesto departamental y municipal a la conservación de las zonas que abastecen los acueductos.

Una ley que se queda en el papel

Desde 1993, la Ley 99 estableció claramente que todos los departamentos y municipios colombianos deben asignar como mínimo el 1% de sus ingresos para proteger las cuencas hidrográficas que suministran agua a las poblaciones. Esta norma fue reforzada en 2023 con la Ley 2230, que incluyó mecanismos de control más estrictos y exigió mayor transparencia en el uso de estos recursos.

Sin embargo, en Santander esta disposición legal ha permanecido más como una intención que como una realidad aplicada. La protección del agua, a pesar de su importancia vital, no ha logrado convertirse en una prioridad dentro de los planes de desarrollo locales, generando un riesgo creciente para el abastecimiento futuro.

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Cifras alarmantes de desinversión

Un análisis detallado revela datos preocupantes sobre el cumplimiento de esta obligación legal:

  • De las 87 alcaldías del departamento, 76 no han invertido absolutamente nada en la protección de fuentes hídricas durante los últimos tres años.
  • Solo 11 municipios reportaron algún tipo de gasto en este rubro, y entre ellos, únicamente Barrancabermeja muestra una inversión constante y comprometida.
  • Municipios clave como Bucaramanga y Piedecuesta, que concentran aproximadamente el 48% de la población urbana de Santander, presentan niveles de inversión inexistentes o mínimos.

Fallas institucionales y justificaciones insuficientes

La situación expone múltiples fallas en el sistema de control y gestión pública:

  1. Control político deficiente: Los concejos municipales, encargados de vigilar la gestión de los alcaldes, no han ejercido con suficiente rigor su función supervisora en este tema crucial.
  2. Falta de seguimiento institucional: Las oficinas de control interno y las contralorías no han asegurado el uso adecuado de los recursos públicos destinados a la protección hídrica.
  3. Justificaciones inconsistentes: Mientras los municipios pequeños alegan desconocimiento, falta de capacidad técnica o escasez de recursos, estas explicaciones resultan insuficientes en territorios con mayor capacidad institucional y presupuestaria.

Consecuencias ambientales y sociales

La contaminación en fuentes hídricas como la quebrada La Iglesia y otros afluentes que atraviesan sectores como José Antonio Galán y Convivir -en los límites entre Bucaramanga y Girón- se hace cada vez más evidente. Invertir en protección hídrica no es un lujo, sino una necesidad urgente para garantizar la salud, el bienestar y el desarrollo sostenible de las comunidades.

Yany León Castañeda, experta en el tema, advierte que "este problema muestra una desconexión entre la planificación del territorio y el cuidado del medio ambiente". Según su análisis, "no proteger el agua hoy es poner en riesgo el desarrollo de las ciudades mañana".

Un llamado a la acción

La experta señala que muchas ciudades santandereanas están creciendo sin asegurar primero sus recursos naturales básicos, lo que podría generar problemas graves de abastecimiento en el mediano plazo. Más allá de las responsabilidades institucionales, existe también una falta de presión ciudadana que ha permitido que esta problemática pase desapercibido durante años.

"La protección del agua no es solo un tema técnico o legal; es un asunto de supervivencia", concluye León Castañeda. "Ignorarlo hoy puede traer consecuencias mucho más graves en el futuro cercano, cuando ya sea demasiado tarde para corregir el rumbo".

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La situación en Santander sirve como alerta temprana sobre la necesidad de tomar acciones concretas e inmediatas para proteger uno de los recursos más valiosos y esenciales para la vida, antes de que las consecuencias sean irreversibles.