Críticas al Ecoparque Mallorquín: ¿sostenibilidad o negocio inmobiliario?
Críticas al Ecoparque Mallorquín: ¿sostenibilidad o negocio?

A comienzos de la década de 2000, surgió el concepto de ecociudad como un modelo urbano que prometía integrar viabilidad económica, sostenibilidad ambiental y equidad social. China adoptó este enfoque con urgencia debido a la grave contaminación del aire que afectaba la salud pública y representaba un desafío político. Para 2006, el gasto en protección ambiental se incluyó formalmente en el presupuesto estatal, y se planificaron ecociudades en todo el país. Los gobiernos locales competían por fondos públicos, atrayendo a inversores, arquitectos y consultores, principalmente de Europa y Estados Unidos.

El caso emblemático de Dongtan

Uno de los proyectos más representativos fue Dongtan, una ecociudad diseñada desde cero por la firma británica Arup, concebida como modelo replicable a nivel mundial. Sus objetivos eran ambiciosos: preservar humedales, alcanzar la neutralidad de carbono y mejorar la calidad de vida. Sin embargo, tras años de promoción, el proyecto entró en crisis y nunca se construyó. Su fracaso evidenció contradicciones profundas: se desplazó a comunidades campesinas que cultivaban en la zona, y los edificios con tecnología ecológica resultaron demasiado costosos, destinándose a las élites adineradas. Surgieron dudas sobre si estas ecociudades eran apuestas genuinas por la sostenibilidad o simples herramientas para legitimar negocios inmobiliarios, mientras los gobiernos urbanos seguían priorizando el crecimiento económico a cualquier costo, trasladando las cargas sociales y ecológicas a los más vulnerables.

De las ecociudades a las Soluciones Basadas en la Naturaleza

Posteriormente, el concepto de ecociudad fue reemplazado por las Soluciones Basadas en la Naturaleza, que prometían sanar ecosistemas urbanos y mejorar la calidad de vida. El Banco Interamericano de Desarrollo seleccionó a Barranquilla como caso piloto en Latinoamérica. La Ciénaga de Mallorquín, un estuario abandonado durante décadas, fue elegida para convertirse en el corazón de la primera biodiverciudad de Colombia. El proyecto Ecoparque Mallorquín se lanzó con imágenes de aves, renders impactantes y respaldo internacional.

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Desplazamiento y falta de participación comunitaria

En 2021, durante el confinamiento por la pandemia, el ESMAD desalojó a decenas de familias que habitaban las orillas de la ciénaga hasta por diez años. Se les ofreció un millón y medio de pesos para tres meses de alquiler. Los pescadores, que dependían ancestralmente de la ciénaga, denunciaron no haber sido convocados a ninguna mesa de decisión; los líderes comunitarios afirmaron que conocieron el proyecto a través de renders publicados en redes sociales de la Alcaldía. En 2024, una comisión técnica del Ministerio de Ambiente confirmó las quejas comunitarias y concluyó que el ecoparque avanzó sin un análisis de impacto ambiental sobre la ciénaga.

Las contradicciones actuales de la biodiverciudad

Hoy, veinte años después del auge de las ecociudades, la biodiverciudad de Barranquilla presenta tensiones similares. Los gobiernos locales continúan persiguiendo el crecimiento económico a cualquier precio, trasladando los costos sociales y ecológicos a los más desprotegidos. Aunque el ecoparque cuenta con senderos de manglar, avistamiento de aves y turismo regenerativo, la ciudad permitió la construcción de más de 16,000 viviendas en suelo de expansión colindante a la ciénaga, con vistas al mar y al ecosistema restaurado.

Argumentos en disputa

Defensores del proyecto difundieron un estudio del Grupo GEO4 de la Universidad del Norte que sostiene que el suelo de expansión no era naturaleza virgen, sino que había sido modelado por el ser humano durante casi un siglo, sin ser un relicto de bosque seco tropical. Sin embargo, la vegetación secundaria sigue siendo ecosistema: antes había monte y ahora hay torres de apartamentos con miles de estacionamientos, automóviles y congestión vehicular. La millonaria inversión se concentró en infraestructura atractiva para el turismo, pero dejó en segundo plano el alcantarillado de los barrios aledaños, la contaminación del Arroyo León y el futuro de las familias que vivían a orillas de la ciénaga.

Por Tatiana Acevedo Guerrero

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