En el marco de la Primera Conferencia para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles, celebrada en Santa Marta del 24 al 29 de abril, la directora del Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas (Sinchi), Luz Marina Mantilla Cárdenas, lanzó una severa advertencia: los combustibles fósiles representan una amenaza directa y creciente para la Amazonia, ecosistema clave para la estabilidad climática del planeta.
La Amazonia, regulador climático global
Mantilla, con décadas de experiencia en la región amazónica, fue enfática al señalar que el papel de la Amazonia en la regulación del clima global es indiscutible. Recordó que este bioma, que abarca más de siete millones de kilómetros cuadrados en varios países sudamericanos, es fundamental para frenar el calentamiento global. "Es el bosque más grande del planeta y es el escenario que hay que mantener para evitar que la temperatura siga aumentando", afirmó.
Impacto local de los combustibles fósiles
La experta advirtió que la presión de los combustibles fósiles no solo se limita a las emisiones globales, sino que también tiene impactos locales profundos. En amplias zonas de la Amazonia, donde habitan comunidades indígenas y campesinas, la generación de energía aún depende de plantas diésel. "Estamos hablando de territorios marginales donde la energía sigue siendo fósil, lo que evidencia la urgencia de una transición hacia matrices limpias", explicó.
Para Mantilla, este modelo energético no solo perpetúa la contaminación, sino que también se vincula con otros problemas estructurales como la deforestación. La pérdida de cobertura boscosa genera "disturbios enormes" que afectan tanto a los ecosistemas como a las comunidades locales. En ese sentido, insistió en la necesidad de impulsar modelos de desarrollo alternativos basados en la bioeconomía, que aprovechen la biodiversidad sin destruirla.
Llamado a la transición energética
La directora del Sinchi subrayó que la Amazonia no solo es importante para Colombia, sino vital para el planeta. "Lo que estamos perdiendo no es solo bosque, es agua dulce, son los llamados 'ríos voladores', es la capacidad del planeta de autorregularse", señaló. Y fue más allá: "Si la Amazonia desaparece, el riesgo para la humanidad es enorme".
Actualmente, en la Amazonia colombiana habitan poco más de un millón de personas, lo que, según Mantilla, refuerza la necesidad de construir una transición energética que también tenga en cuenta la dimensión social. "No se trata solo de cambiar la matriz energética, sino de transformar la relación entre la actividad humana y la naturaleza", afirmó.
Cooperación científica internacional
La conferencia en Santa Marta se presenta como un escenario clave para fortalecer alianzas científicas internacionales. Mantilla destacó la participación de universidades como la Universidad de Leeds y la Universidad de Oxford, con las que el Sinchi ya mantiene colaboraciones en investigación climática. Uno de los proyectos más relevantes es el estudio de parcelas permanentes en la Amazonia colombiana para analizar cómo el cambio climático está afectando los bosques. "Estos espacios permiten cualificar el análisis de datos y tomar decisiones mejor informadas", dijo.
Además, subrayó que la transición energética debe entenderse como un proceso gradual. "La misma palabra 'transición' implica tiempo. No es algo que se pueda hacer de manera abrupta, pero sí con una hoja de ruta clara", señaló.
Red Amazónica de Institutos de Investigación
Mantilla también defendió los avances en cooperación regional. Como presidenta de la Red Amazónica de Institutos de Investigación, aseguró que actualmente participan entidades de Brasil, Ecuador, Perú, Bolivia y Colombia, en un esfuerzo por coordinar agendas científicas y proyectos conjuntos. "La ciencia no tiene vetos, tiene retos", concluyó.



