Un espejo de agua del que brota vida en Santander se encuentra amenazado por la intervención humana y sus prácticas 'non santas'. Comunidades y productores emprendieron una cruzada para salvar a la ciénaga y a sus 'venas' comunicantes.
En el 'corazón' del Magdalena Medio santandereano, entre los municipios de Sabana de Torres y Puerto Wilches, se encuentra la vereda El Cerrito, el lugar en el que el universo instaló un gigantesco espejo de agua llamado la ciénaga de Paredes. Este es el hogar de decenas de especies que alimentan la riqueza natural de Santander.
Cerrito es un pequeño caserío, polvoriento, caluroso, pero atractivo y mágico. Allí, sus habitantes pasaron de cazar especies exóticas y explotar indiscriminadamente las riquezas del ecosistema a convertirse en protectores de lo que aún sobrevive.
A orillas del muelle, al visitante le da la bienvenida un imponente monumento de hojalata que recrea la imagen de un pescador en cuyo hombro reposa su atarraya y que carga en sus manos un remo y un pescado. A sus pies se ubica un cardumen en forma piramidal, una garza y un imponente manatí que simula estar sumergido en el fondo del agua. Esta es la puerta de entrada a la magia, a los laberintos de agua que dan refugio y comida a especies como babillas, nutrias, águilas, garzas, espátulas, chavarríes, lagartos, jaguares y manatíes. Estos dos últimos, en peligro de extinción.
“Es una zona muy rica en biodiversidad. Tenemos el privilegio de tener presencia de aves migratorias, corredores de jaguares y la casa del manatí en la ciénaga de Paredes”, destacó el gerente de Agroinversiones Hecarse, una empresa dedicada a la producción palmera, Iván Darío Rosas.
Para avistar la belleza natural es necesario abordar una canoa motorizada y movilizarse por el caño Piruétano, uno de los vasos comunicantes más grandes que tiene la ciénaga. A medida que la travesía avanza, se puede admirar el vuelo de bandadas de pájaros, el corretear de iguanas y lagartos y los 'clavados' de las babillas en el agua.
Tras varios minutos de recorrido, el paisaje se amplía, el agua se expande a lo ancho y a lo largo. Además, el cielo, las nubes y el sol se reflejan en las aguas cristalinas del espejo acuático. “La ciénaga siempre nos ha dado el 'pancoger'. Aquí hay gran variedad de pescado. Por sus aguas se transportan alimentos y víveres y tenemos, además, al manatí, que es el espejo de El Cerrito y de Sabana de Torres”, narró Alirio Orduz García, líder de la zona de Cerrito.
Manatí y jaguar, especies en peligro
Pese a la belleza que ostenta la ciénaga de Paredes, hay varias amenazas que se ciernen sobre cerca de 70 manatíes que habitan las cálidas aguas de la ciénaga entre Cerrito y Campo Duro. “El año pasado se nos murieron tres manatíes (vacas marinas). La gente dice que a este animal lo estresa lo 'ilegal'. La vía por la que él se mueve está obstruida y no tiene por dónde ir a comer. Algunos, al parecer, se han muerto de hambre”, explicó Daniel Caro Turizo, un artesano y pescador que se convirtió en protector de la especie.
A lo que se refiere este hombre, según información de la misma comunidad, es a la instalación de trasmallos con los que se pesca de manera no convencional, pero en cuyas redes también quedan atrapadas especies como tortugas, babillas y el propio manatí. Al parecer, el camino que toma este animal para alimentarse con pasto 'jacinto', una variedad de hierba verde que crece en el agua, se bloquea con las mencionadas redes.
Otro de los integrantes de la Asociación de Pescadores Artesanales Protectores del Manatí, Asopromanatí, manifestó que “hace años firmamos un pacto para no cazar al manatí y para cuidar lo que hay en la ciénaga de Paredes. No obstante, gente de San Pablo, El Banco y de otros lugares del sur de Bolívar llegó aquí a pescar con trasmallo. Hay gran cantidad de motores que salen todos los días y la ciénaga no tiene descanso”.
Aunque han buscado respuestas sobre las causas de muerte de los animales, los lugareños aseguran que los interrogantes siguen sin resolverse. “Nos han dicho que algunos se mueren de viejos. Han llevado muestras de agua y le han hecho necropsia a los cuerpos, pero 'no han dado con el chiste'…”, aseguró el pescador Daniel Caro.
En cuanto a los controles por parte de las autoridades, el líder Alirio Orduz García indicó que “de vez en cuando viene la Policía, dan una vueltica y se van”. Asimismo, se han adelantado campañas para proteger los recursos, pero, según sostienen quienes han vivido allí por años, la ciénaga cada vez está más debilitada.
Entre la hierba y atravesando los caños y la ciénaga está el 'rey del agua', el jaguar. Esta especie tiene su corredor biológico por todo el Magdalena Medio santandereano. Aunque el felino poco se deja ver, en algunos de los islotes que permanecen entre este gran espejo de agua se encuentran huellas, estiércol, marcas de garras y hasta arena revolcada en la que se presume merodea el jaguar.
De acuerdo con Gustavo Gutiérrez, líder de conservación de Ipacarai, una finca palmera que protege a los jaguares, “unas huellas que hallamos en un islote son la confirmación de que este es su territorio. Es importante levantar un censo felino en el Magdalena Medio para conocer cuántas colonias hay y enfocar allí programas de restauración y conservación de su hábitat”.
Las estrategias para conservar a Paredes
Para el caso del manatí, cuando el nivel del agua disminuye y las temperaturas aumentan, sus protectores optaron por delimitar una zona de la ciénaga a la que les llevan comida. Se trata de una especie de dispensadores de pasto anclados al fondo del agua en los que estos animales llegan a alimentarse.
“Hay cerca de nueve personas que se encargan de monitorear al manatí. Cuando el nivel del agua baja, el pasto queda a la orilla y ellos no pueden comer. Se les lleva esa comida y se les amarra para que puedan alimentarse, para que no se mueran de hambre”, aseveró Alirio Orduz García, líder de la zona de Cerrito.
Otra de las estrategias para ayudar a conservar los recursos naturales es la del ecoturismo. Los lugareños instalaron pancartas con mensajes de protección en el muelle de El Cerrito y se proyecta tener visitas guiadas de turistas para incentivar la economía y destinar recursos para proteger el ecosistema.
Además, productores de palma, ganaderos y otros actores de la zona plantearon la producción sostenible, el monitoreo e inventario de especies, así como también la protección de las especies que tienen como paso los cultivos o los hatos ganaderos. “Hay que hacer censos, concientizar a trabajadores y comunidad sobre la importancia del cuidado de la zona. Hay que adelantar expediciones para ver qué tenemos y cómo lo cuidamos”, aseveró el gerente de Agroinversiones Hecarse, Iván Darío Rosas.



