El narcisismo de Trump y el colapso del orden liberal mundial
Trump y el colapso del orden liberal mundial

La transformación del poder global bajo el espejo narcisista

Ninguna distopía literaria, por más visionaria que fuera, logró anticipar que el orden internacional liberal terminaría postrándose ante un fenómeno catastrófico fundado en la arrogancia y el narcisismo desmedido de un individuo todopoderoso. Lo que estamos presenciando no es simplemente un cambio político, sino una mutación fundamental en la naturaleza misma del poder global.

Del populismo histórico al narcisismo contemporáneo

Si bien figuras históricas como Hitler y Mussolini exhibían rasgos de ese enamoramiento siniestro de sí mismos, aderezado con discursos populistas y racistas, el fenómeno actual presenta características distintivas. Hoy dominan la escena mundial individuos enardecidos por su propia imagen, convencidos de ser divinidades o elegidos por la providencia para regir los destinos globales.

El edificio filosófico liberal ha volado en añicos en esta nueva disposición mundial. Cortes internacionales, soberanía nacional, principios rectores del derecho de los pueblos: todos estos cánones parecen historietas del pasado ante el reinado de la impunidad que se exhibe sin tapujos.

La transparencia narcisista como nuevo dispositivo de poder

"Estamos presenciando la consolidación de un modelo de dominación en el que la transparencia narcisista reemplaza tanto a la hipocresía tradicional como a cualquier forma de rendición de cuentas", afirma Luis Duno-Gottberg en su análisis sobre Trump y la transparencia narcisista del poder. Este autoritarismo visible, según el experto, puede resultar más paralizante que cuando se oculta, pues opera sin necesidad de ministerios de propaganda ni mecanismos tradicionales de dominación ideológica.

La mentira política, tradicionalmente inherente a los tejidos del poder, se ha convertido en un dispositivo envejecido. En su lugar, el narcisismo agudo y la encarnación desaforada del autoritarismo protagonizan las nuevas maneras de ejercer el poder. Para estas minorías criminales, la indignación global resulta inútil, las cortes internacionales irrelevantes y las protestas meros espectáculos sin consecuencias.

Trump y la mutación de la soberanía

Donald Trump actúa desde el individuo narcisista, no desde la representación popular o los principios democráticos. Cada día se asemeja más a un enviado de divinidades terrenales -particularmente del dios dinero- elegido por fuerzas que trascienden sufragios y partidos políticos. Junto con allegados como Marco Rubio y J.D. Vance, está construyendo un dispositivo de clientelismo donde Estados Unidos canaliza ingresos no a través del Tesoro público, sino mediante bancos privados.

Con su narcisismo enfermizo y su burlona indiferencia ante principios de no intervención, Trump acomoda peones, ordena acólitos, castiga, amenaza y, cual pastor indulgente, cobra diezmos a sus ovejas. Declaraciones como "yo me tomé a Venezuela y su petróleo" reflejan esta nueva ética del despojo sin vergüenza ni propósito de enmienda.

El mundo paralizado ante la nueva realidad

El orbe asiste estupefacto a esta transformación, sin razonamiento aparente y sin fuerza suficiente para romper el marasmo. La relación entre poder, derecho y soberanía sufre una mutación infausta de la que Trump y su combo sacan máximo provecho. La democracia liberal, según todos los movimientos observables en distintas partes del mundo, parece haber pasado a la historia, abriendo camino a una concepción de monarcas feudales y directores omnipotentes.

Lo que algunos denominan "neorrealismo" -término que evoca la bella experiencia cinematográfica italiana pero aplicado a esta siniestra realidad política- representa el nuevo orden mundial donde ricos acumulan cada vez más riquezas mientras el narcisismo institucionalizado reemplaza cualquier forma de accountability democrático.