Oviedo, Bessent y Ohana: Tres políticos gais con enfoques distintos sobre su identidad sexual
Tres políticos gais: ¿identidad pública o privada?

Tres políticos gais, tres formas distintas de entender la identidad sexual en el poder

En el panorama político contemporáneo, tres figuras masculinas comparten una característica personal: son homosexuales. Sin embargo, su manera de abordar esta condición en la esfera pública presenta diferencias notables que invitan a una reflexión profunda sobre la relación entre vida privada y ejercicio del poder.

El contraste en el manejo público de la homosexualidad

Juan Daniel Oviedo, exdirector del DANE colombiano, ha convertido su homosexualidad en una credencial política central, mencionándola frecuentemente en entrevistas y utilizando esta condición como parte fundamental de su identidad pública. En marcado contraste, Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos, y Amir Ohana, presidente del parlamento israelí, siendo ambos abiertamente gais, rara vez mencionan su orientación sexual en contextos oficiales.

Ohana, quien está casado con un hombre y milita en el partido conservador Likud, construye su identidad pública principalmente como parlamentario, no como "político gay". Bessent, por su parte, desarrolla su labor como funcionario del gobierno estadounidense sin hacer de su homosexualidad un elemento central de su discurso oficial.

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Los fundamentos teóricos detrás de las diferencias

La posición de Oviedo encuentra sus raíces en corrientes intelectuales del siglo XX, particularmente en la Escuela de Frankfurt, una corriente neomarxista que, tras observar la resistencia de la clase obrera a la revolución, reemplazó al proletariado por minorías y grupos de identidad como nuevos sujetos históricos. Esta perspectiva, que se expandió desde universidades estadounidenses hasta convertirse en sentido común académico occidental, plantea una división social entre opresores y oprimidos donde la opresión no es principalmente económica, sino cultural.

Desde este marco teórico, ser gay trasciende la mera orientación sexual para convertirse en una posición dentro de un mapa de poder, otorgando autoridad moral y capital político al pertenecer al bando de los oprimidos. La homosexualidad deja de ser un hecho personal para transformarse en herramienta política útil para construir coaliciones, blindarse de críticas y enmarcar desacuerdos como manifestaciones de homofobia.

La identidad sexual como atributo versus identidad política

Un problema filosófico fundamental subyace a este debate: ¿constituye la orientación sexual una identidad en sentido estricto? Mientras que identidades como la nacionalidad implican historia compartida, tradición, narrativa común y obligaciones heredadas, la homosexualidad como categoría agrupa individuos que pueden no compartir más que su orientación sexual.

¿Qué tienen en común un gay colombiano y uno tailandés más allá de su atracción hacia personas del mismo sexo? Posiblemente muy poco en términos de historia, tradiciones o valores compartidos. En contraste, los colombianos en cualquier parte del mundo sí comparten elementos culturales, históricos y valóricos que constituyen una identidad nacional.

La paradoja de los políticos gais en partidos conservadores

Un detalle particularmente incómodo para las narrativas progresistas emerge al observar que Bessent sirve en la administración de Donald Trump y Ohana milita en el Likud, partido de Benjamin Netanyahu. Ambos provienen de formaciones políticas que sectores progresistas frecuentemente califican como conservadoras o incluso "fascistas", y sin embargo son quienes tratan su homosexualidad con mayor naturalidad y menor carga política.

Esta paradoja desafía la simplificación binaria que presenta el debate como una batalla entre iluminados y homofóbicos, revelando en cambio un conflicto entre dos visiones del individuo: aquella que lo reduce a su grupo de identidad y aquella que lo reconoce como ciudadano pleno, igual ante la ley independientemente de sus atributos personales.

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Protección contra discriminación versus identidad política

Proteger a las personas homosexuales de la discriminación constituye una obligación fundamental del Estado y de toda sociedad democrática. Sin embargo, esta protección no requiere necesariamente validar la idea de que la orientación sexual debe convertirse en identidad política. Son dimensiones distintas que, en el caso de Oviedo, aparecen fusionadas para beneficio político personal.

El análisis comparativo de estos tres casos revela que, en última instancia, Bessent y Ohana construyen sus identidades públicas sobre lo que hacen profesionalmente, no sobre lo que son en la intimidad. Esta aproximación no los hace menos homosexuales, pero posiblemente los convierte en funcionarios más completos cuyas contribuciones se evalúan por sus acciones y decisiones, no por su orientación sexual.

En el contexto colombiano, donde figuras como Iván Cepeda representan posturas ideológicas más radicales, algunos podrían argumentar que el enfoque de Oviedo representa un "mal menor". Sin embargo, el debate fundamental persiste: ¿debe la orientación sexual convertirse en estandarte político o mantenerse como aspecto de la vida privada? La respuesta a esta pregunta seguirá definiendo no solo trayectorias políticas individuales, sino también la evolución del discurso público sobre diversidad y representación.