El socialismo gana terreno globalmente: jóvenes prefieren Estado fuerte ante promesas incumplidas del capitalismo
Socialismo gana terreno: jóvenes prefieren Estado fuerte ante capitalismo

El socialismo experimenta un resurgimiento global en la preferencia ciudadana

El socialismo está viviendo un momento de notable popularidad en el escenario mundial. Más allá de las diversas interpretaciones que existen sobre este concepto, la evidencia indica una demanda creciente por el fortalecimiento del Estado y la expansión de los servicios públicos como mecanismos de protección frente a las transformaciones aceleradas de nuestra época.

El declive en la confianza hacia el capitalismo se acentúa

La fe en el sistema capitalista está experimentando una erosión significativa, particularmente entre las generaciones más jóvenes. En Estados Unidos, una encuesta reciente de Gallup reveló que la aprobación del capitalismo ha descendido al 54%, comparado con el 60% registrado en el año 2021. Entre los votantes del Partido Demócrata, el socialismo goza de una popularidad mucho mayor, con un 66% de favorabilidad, mientras que el capitalismo solo alcanza un 42%. Esto demuestra que, en una porción considerable del espectro político de la principal potencia mundial, la confianza en el capitalismo ya se ha convertido en una postura minoritaria.

En Gran Bretaña, un estudio realizado por YouGov mostró que el 38% de los británicos tiene una visión favorable del socialismo, frente a un modesto 30% que apoya al capitalismo. La brecha generacional es aún más pronunciada: entre los jóvenes de 18 a 24 años, la favorabilidad hacia el socialismo se dispara hasta un contundente 53%. Finalmente, el Edelman Trust Barometer correspondiente al año 2025 arrojó un dato revelador: más de la mitad de la población global encuestada (53%) considera que "el capitalismo, tal como existe en la actualidad, causa más perjuicios que beneficios".

Tres causas fundamentales detrás de la tendencia socialista

Existen múltiples factores que explican esta moda del socialismo, de los cuales destacamos tres de especial relevancia.

La primera causa es la percepción de una promesa incumplida por parte del capitalismo. Históricamente, este sistema económico estuvo asociado a la idea de que cualquier persona, mediante el trabajo arduo, podría mejorar su calidad de vida y acceder a mayores comodidades. Sin embargo, en la actualidad existen reparos válidos sobre esta premisa. La crudeza de la ley de oferta y demanda nos enfrenta a realidades como la creciente dificultad para adquirir vivienda, un sueño cada vez más lejano para el ciudadano promedio, situación que también afecta a Colombia.

Para ilustrar este punto: si una persona obtiene ingresos netos mensuales de 2,5 millones de pesos y, en un escenario realista, destinara el 15% de sus ingresos al ahorro para vivienda, podría tardar más de dos décadas únicamente en reunir la cuota inicial requerida para comprar un apartamento valorado en 300 millones de pesos. Esto sin considerar los intereses hipotecarios, que podrían duplicar o incluso triplicar el costo total de la propiedad. Situaciones como esta alimentan la pérdida del atractivo aspiracional que alguna vez tuvo el capitalismo y refuerzan su fama de ser un sistema excluyente.

La segunda causa radica en un desconocimiento de la historia reciente. Hace más de treinta años concluyó la Guerra Fría, y en Colombia, la combinación de conflicto guerrillero y narcotráfico llevó al país al borde de convertirse en un Estado fallido. Muchos de los votantes jóvenes no vivieron en carne propia aquellos eventos que generaron una aversión generalizada hacia el socialismo en el pasado. La marca del socialismo, ahora potenciada por otros apelativos como progresismo o ecologismo, ha logrado limpiar sus huellas históricas porque sus nuevos defensores no sufrieron directamente sus efectos.

Estos grupos tienden a pasar por alto, debido a conocidos fallos y sesgos cognitivos, los ejemplos contemporáneos extremos de las consecuencias del socialismo, como los casos de Venezuela y Corea del Norte, o incluso versiones más matizadas como las experiencias de Francia y España.

La tercera causa está relacionada con las nuevas formas de construcción del conocimiento, las cuales favorecen recetas simplistas en detrimento de un análisis concienzudo de las relaciones de causa y efecto. Las generaciones más jóvenes privilegian la formación de su saber a través de las redes sociales, en lugar de recurrir a libros o fuentes tradicionales. La Generación Z pasa un promedio de cuatro horas diarias utilizando su teléfono celular, y por cada minuto que dedica a educarse digitalmente, invierte cuarenta minutos consumiendo entretenimiento pasivo, según datos del informe Born Connected de Qustodio.

Por otro lado, el porcentaje de estudiantes de último año de secundaria que lee un libro o revista todos los días se desplomó desde un 60% a finales de la década de 1970 hasta un preocupante 16% en años recientes, de acuerdo con el Pew Research Center. En un mundo dominado por mensajes de diez segundos, los eslóganes socialistas como "expropiar a los ricos soluciona todos los problemas" resultan más efectivos y neuronalmente más económicos que analizar un libro de Thomas Sowell, el cual explica a lo largo de doscientas páginas, con argumentos sólidos y evidencia empírica, por qué el socialismo no funciona.

La moda actual del socialismo debe ser abordada con valentía y desde una comprensión profunda de sus causas subyacentes. Solo mediante el entendimiento de estos factores podrán desarrollarse respuestas efectivas y argumentos sólidos para enfrentar este fenómeno en el debate público contemporáneo.