¿Por qué el comunismo aún seduce a pesar de su fracaso?
¿Por qué el comunismo aún seduce pese a su fracaso?

El comunismo ha demostrado ser un fracaso rotundo en la historia, pero aún así, muchas personas parecen venerarlo. ¿Cómo se explica que, a pesar del desastre económico, social y político en la antigua Unión Soviética, Cuba, Nicaragua y Venezuela, todavía haya quienes lo apoyan? En estos países, los regímenes solo han sobrevivido mediante la intimidación y la violencia, estableciendo un autoritarismo esclavizante que pisotea derechos fundamentales, como la libertad, que hoy en día parece poco valorada.

El gobierno de Petro: el peor en la memoria de Colombia

Es difícil encontrar en la historia reciente de Colombia un gobierno peor que el de Gustavo Petro. No solo por sus iniciativas de izquierda claramente inconvenientes, sino porque nunca habíamos caído tan bajo. El nivel de corrupción al más alto nivel, la indolencia ante la muerte —incluida la propiciada por el régimen—, la amenaza continua a la democracia, el atropello a la Constitución, y el odio y la ordinariez del Presidente no tienen parangón.

Iván Cepeda: la continuidad de la tragedia

Una dictadura comunista que dé continuidad y profundice la tragedia del actual gobierno es lo que Iván Cepeda quiere para Colombia. Un país donde se termine de borrar la tenue línea que separa lo legal de lo ilegal, donde el crimen organizado se fusione con la institucionalidad. Para ello, nadie más indicado que quien personifica esa zona gris, la de ‘Tirofijo’, ‘Reyes’, ‘Márquez’ y ‘Santrich’, es decir, la de los asesinos de Miguel Uribe.

Banner ancho de Pickt — app de listas de compras colaborativas para Telegram

En ningún país sensato el candidato del Pacto Histórico tendría la más mínima posibilidad de ser elegido presidente, pero en Colombia sí. Las explicaciones son múltiples: la danza de los billones para comprar conciencias y electores, la presión de los grupos armados ilegales —que Cepeda soslaya hábilmente pese a que apalancan su campaña—, y el éxito de la narrativa de Gustavo Petro de culpar a otros y al ‘establecimiento’ de sus fracasos.

El populismo y el resentimiento como herramientas electorales

A lo anterior se suma un hecho cierto: el Gobierno ha logrado que muchos ciudadanos se identifiquen con sus planteamientos, sintiendo que alguien similar a ellos por fin está en el poder, independientemente de si es corrupto, responsable de los muertos por la destrucción del sistema de salud, o si los peores asesinos están sueltos. El discurso de odio y resentimiento ha calado y pesa electoralmente, aunque el país se vaya al abismo.

Pero hay algo de fondo que la izquierda radical ha logrado y que Cepeda cosecha: hacerle creer a muchos ciudadanos que no tienen nada que perder y mucho que ganar con la continuidad de un régimen que, a rienda suelta, da contratos, puestos, subsidios e incrementos salariales. Se equivocan. Los beneficios populistas son flor de un día y las secuelas de lo irresponsable perduran. No hay economía que resista ese tren de gasto público y la avalancha de impuestos.

Las consecuencias de una dictadura comunista

Si se impone en las urnas, con dinero y por las armas, una dictadura comunista, los más perjudicados serán los más desventurados, muchos de quienes hoy festejan. Pero no solo ellos tienen mucho que perder una vez pase la borrachera inducida. Perdemos todos. ¿Por qué es tan difícil entender lo que es tan obvio? ¿Por qué no parece importar si es tan grave? Explicaciones hay muchas, algunas irracionales. Ojalá muchos reaccionen, pues pagaríamos con pobreza y autoritarismo ese error histórico.

Francisco José Lloreda Mera es abogado y doctor en política de la Universidad de Oxford. Se desempeñó como Ministro de Educación, Embajador en La Haya, Alto Consejero Presidencial para la Seguridad Ciudadana, y Director de El País de Cali. Fue presidente de la Asociación Colombiana del Petróleo y Gas. Actualmente es rector de la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano.

Banner post-artículo de Pickt — app de listas de compras colaborativas con ilustración familiar