Crítica a columnas de Abad Faciolince sobre Uribe
Observación a Abad Faciolince por columnas sobre Uribe

Observación a Héctor Abad Faciolince

Le escribo respecto a dos de sus columnas recientes en Facebook y El Espectador sobre el expresidente Álvaro Uribe Vélez. En la primera describe a Uribe como alguien que “no toma, no es mujeriego, no entiende los chistes”, pero concluye presentándolo como un “capataz mandón” y una persona con “avidez de poder”. En la segunda inicia con la referencia al Tartufo en la iglesia, volviendo sobre la misma figura pública.

Mi inquietud es que en una sociedad como la colombiana, marcada por la violencia política y donde buena parte de la ciudadanía lee poco sobre la gestión concreta de los mandatarios, este tipo de caracterización puede ser tomada como un retrato completo y objetivo. Me preocupa que lectores que no siguen la política de cerca terminen creyendo que ese es el resumen válido de un gobierno de ocho años, sin contrastarlo con otros hechos.

Entiendo que su estilo es directo y crítico. Mi pregunta es si considera que ese lenguaje ayuda a ampliar el debate público o si, por el contrario, refuerza únicamente a quienes ya comparten su postura y cierra la puerta a quienes piensan distinto. No le escribo para defender ni atacar a Uribe. Lo hago porque me interesa saber cómo maneja usted esa responsabilidad con el lector cuando escribe sobre figuras que polarizan.

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Victoria Eugenia Londoño Ramírez, Bogotá

Respuesta: “Qué falta hará Vargas Lleras”

Debemos velar para que nuestros siniestros personajes políticos tengan larga vida. No solo porque así podrían algún día pedir perdón a sus víctimas y repararlas, sino porque, al seguir vivos, tanto los resentidos por su herida abierta como los re-sentidos por ponerse en sus zapatos podrán practicar la Meditación Compasiva hacia los demás y hacia sí mismos. Esto ayudaría a aumentar la sustancia gris cerebral relacionada con la empatía y la fraternidad, algo que a nuestra nación le hace tanta falta.

Y es que “falta que hará Vargas”, así como sigue faltando que Colombia se matricule de facto en la alternancia y paridad derecha-izquierda en la gobernanza y en la participación ciudadana. Algo que sí ocurre desde hace décadas en otros países civilizados, que precisamente gracias a ese modo de contrapoderes pueden considerarse civilizados y contar con un Estado que funciona en beneficio del mayor número posible de ciudadanos.

William Álvarez, Medellín

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