La muerte de Jameneí y el silencio de los candidatos colombianos ante un hecho mundial
Muerte de Jameneí: el silencio de candidatos colombianos en campaña

Un acontecimiento global ignorado en la campaña colombiana

Resulta llamativo que el suceso de mayor trascendencia a nivel internacional en desarrollo no haya merecido un pronunciamiento por parte de los candidatos a la gran consulta del próximo domingo en Colombia. Se trata de la baja del temible líder iraní Jameneí, quien, según diversos informes sobre las recientes manifestaciones en su país, habría sido responsable de la muerte de decenas de miles de ciudadanos.

Reacciones contrastantes y silencios elocuentes

No se espera que quienes se reclaman de la centro-derecha se manifiesten con júbilo, como sí lo hizo en su momento el ya candidato Abelardo de la Espriella, quien escribió: “¡Aleluya! Así es como tienen que terminar los tiranos: abatidos o encarcelados”. Tampoco que reaccionen como lo hizo Gustavo Petro, disimulando su dolor al decir: “Hay que volver cuanto antes al respeto al derecho internacional”, sin atreverse siquiera a expresar sus verdaderos sentimientos ante la muerte del tirano, manteniendo su postura dócil de tiempos recientes.

Por otro lado, Nicolás Maduro no está hoy en condiciones de demostrar su fidelidad con la teocracia iraní, lo que le evita al pueblo venezolano nuevas vergüenzas internacionales. Se observa cómo se va debilitando la camarilla de gobernantes progresistas, encaramados en los ya sufridos países de nuestra región, hasta el punto de quedar enmudecidos cuando antes nos tenían habituados a arrebatos envalentonados.

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El anuncio de Trump y las reacciones en redes

Cuando me enteré del anuncio de Donald Trump sobre la muerte de Jameneí, manifesté mi júbilo personal, y no faltó quien me lo reprochara desde su compasión cristiana. Más extraño aún fue leer en Facebook un texto compartido por un prestigioso abogado huilense, escrito por el hoy opacado León Valencia, en el que decía cosas como esta:

“No es solo que hayan asesinado a un jefe de Estado. Es la naturalidad con la que se anuncia. La frase triunfal. El tono de videojuego. Como si eliminar a una persona —con todo lo desencadena— fuera una jugada táctica limpia, quirúrgica, sin consecuencias humanas ni geopolíticas.”

Que fue una jugada táctica y quirúrgica no nos queda duda, y nadie tendría por qué ocultarlo ni, llegado el caso, vanagloriarse de ello. Lo hizo Barack Obama cuando dio de baja a Osama bin Laden. Pero ¿qué dijo exactamente Trump como para escandalizar a algunos?

Veamos sus palabras: “Jameneí, uno de los hombres más malvados de la historia, está muerto. Esto no es solo justicia para el pueblo de Irán, sino también para todos los grandes estadounidenses y para aquellas personas de muchos países del mundo que han sido asesinadas o mutiladas por Jameneí y su banda de matones sedientos de sangre.”

La polarización: un cuento hipócrita

Ese relato de la polarización, con el que desde hace tiempo vienen algunos machacando en Estados Unidos, Europa y muy particularmente en América Latina, resulta hipócrita. En Colombia no deja de ser estúpido considerarla un fenómeno reciente cuando el país vivió encarnizadamente la lucha entre dos partidos políticos durante todo el siglo XX.

Ante cualquier suceso —interno o externo— salen a relucir los dos polos supuestamente irreconciliables. A cualquier tema se le fuerza hacia los extremos, muchas veces para justificar posiciones falsificadas o promovidas por imágenes y videos propagados en redes sociales. Lo que se considera polarización no es una posición ante la vida, sino una ficción que nos han querido imponer.

El mundo con Trump y la disyuntiva colombiana

El mundo ya sabe que con Donald Trump las cosas van en serio. Tiene como mano derecha a Marco Rubio, quien ha demostrado estar a la altura de su responsabilidad histórica, tanto en el presente como la que asumiría si llegara a ser el próximo presidente de una nación que —sin duda— se encontrará mucho mejor posicionada que como la dejó un pusilánime como Joe Biden.

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Esto debemos tenerlo en cuenta los colombianos cuando nos encontramos ante la disyuntiva entre dos candidatos que no podrían estar en posiciones más divergentes en este y en muchos otros asuntos. Para quienes se hacen de la vista gorda ante los desastres de la izquierda castrochavista —cada vez más difíciles de ocultar— y, a pesar de ello, dudan, por poco que sea, en darle el apoyo a uno de sus representantes más enconados, como Iván Cepeda, rogaría que el cielo los ilumine.

Y si no ven otra opción que se acomode a sus tendencias, por lo menos se abstengan de votar o voten en blanco en las elecciones de mayo. Y quienes ven la opción de recuperar rápidamente el país de la debacle en que quedará el 7 de agosto próximo, no dejen perder esta oportunidad que nos cae del cielo, para que podamos decir con verdadera emoción: ¡Aleluya!