La construcción del mito político: Morena y la apropiación de Benito Juárez
Con la llegada de Claudia Sheinbaum a la Presidencia de México, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), fundado en 2012 por Andrés Manuel López Obrador (Amlo), se prepara para su segundo período consecutivo en el poder. Este partido ha proclamado que, bajo el mandato de Amlo (2018-2024), dio inicio a lo que denominan la "Cuarta Transformación" (4T) del país, un proceso que se alinea con tres hitos históricos previos: la independencia, las reformas liberales de Benito Juárez y la revolución mexicana de principios del siglo XX.
El tejido de narrativas históricas en América Latina
Todas las sociedades, en su evolución, van tejiendo cuidadosamente sus mitos fundacionales. Los gobiernos con ideologías monolíticas buscan, de manera fehaciente, referentes históricos que les otorguen continuidad en lo que algunos llaman el "espiral de la historia". Este fenómeno no es exclusivo de México. En Venezuela, por ejemplo, el Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) de Hugo Chávez intentó apropiarse de la imagen de Simón Bolívar, ya impulsada en el siglo XIX por el presidente Antonio Guzmán Blanco, y rescató la figura de Ezequiel Zamora, defensor de la causa agraria, fallecido en 1860.
En Colombia, el presidente Gustavo Petro ha intentado realizar una maniobra similar con la figura del presidente José María Melo (1854), caudillo de los artesanos bogotanos que se rebelaron contra el librecambismo. Exiliado en México, Melo murió en 1860 en una escaramuza en Chiapas. Petro lo ha denominado "el último de los generales de Bolívar", ignorando que otros líderes, como los presidentes José María Obando, Tomás Cipriano de Mosquera y José Hilario López, también lucharon en el ejército libertador, alcanzaron rangos superiores y fallecieron después de Melo. La anunciada película sobre el almirante José Prudencio Padilla, con sus posibles referencias al racismo de Bolívar o a la traición del almirante, promete generar interminables discusiones bizantinas en el ámbito histórico.
El contexto mexicano: de Iturbide a Juárez
México tuvo el infortunio de iniciar su vida como nación con la figura ridiculizada de Agustín de Iturbide, seguida por el carismático pero incompetente Antonio López de Santa Anna, quien perdió Texas en 1836 y el resto del norte del territorio en 1847. A estos desafíos se sumó la influencia del primer embajador de Estados Unidos en el país, Joel Poinsett, muy cercano al presidente James Monroe y luego secretario de Guerra de Martin Van Buren, quien intrigó incansablemente para acercar a las dos naciones.
Benito Juárez y el intervencionismo norteamericano
En 1858, durante la guerra de Benito Juárez contra los conservadores, el presidente estadounidense James Buchanan (1857-1861) propuso adquirir Baja California, Sonora y Chihuahua. Sorprendentemente, el gobierno de Juárez aceptó esta oferta. Sin embargo, la oposición de los caciques liberales del norte evitó la transacción y condujo a la firma del Tratado McLane-Ocampo, un acuerdo que muchos historiadores describen como un "protectorado con otro nombre". Este tratado otorgaba múltiples derechos de cruce a Estados Unidos y sus tropas por el istmo, así como autoridad para fijar las tarifas aduaneras, entre otras prerrogativas extensas. Afortunadamente para México, el Senado de Estados Unidos no ratificó el tratado.
Ante este revés, Juárez ofreció los derechos mineros de los mismos territorios a cambio de un empréstito de 5 millones de dólares. Más tarde, en 1865, durante la resistencia a la ocupación francesa, gestionó el eventual arribo de un ejército estadounidense de hasta 50.000 hombres, al mando del veterano de la Guerra Civil, el general John Schofield. Esta operación fue suspendida por el secretario de Estado, William Seward, quien prefería métodos más sutiles de influencia. Terminado su paso por el gobierno, Schofield visitó México y manifestó que, una vez anexado este país a la Unión, sería deseable considerar convertir a Ciudad de México en la capital, por considerarla más agradable que Washington.
La 4T y la reinterpretación del pasado
Hoy, Morena, en su búsqueda por legitimar la Cuarta Transformación, se apropia de la figura de Benito Juárez, presentándolo como un precursor de sus ideales. Este proceso de reinterpretación histórica no solo conecta con las transformaciones anteriores, sino que también justifica su proyecto político actual. Al igual que otros movimientos en América Latina, Morena teje un mito que vincula el pasado con el presente, creando una narrativa de continuidad que fortalece su hegemonía en el poder.
En resumen, la estrategia de Morena refleja una tendencia regional donde los gobiernos construyen y reconstruyen la historia para afianzar su dominio. La figura de Juárez, con sus complejas relaciones con el intervencionismo norteamericano, se convierte así en un símbolo clave para entender cómo la política mexicana contemporánea se nutre del pasado para moldear el futuro.



