El miedo como emoción colectiva en tiempos de incertidumbre política
El miedo es una de esas emociones primarias que, a diferencia de la felicidad, no recibe el mismo reconocimiento social, pero que sin embargo nos rodea constantemente a través de amenazas reales o imaginadas. Existen épocas en las que este sentimiento colectivo se intensifica, especialmente cuando se enfrentan situaciones que definen el futuro de manera directa.
Colombia en una época de miedo electoral
Creo que nuestro país vive actualmente uno de esos momentos críticos, marcado por las próximas elecciones que se aproximan con una mezcla compleja de esperanza y temor. Si hay un sentimiento que ha acompañado a los colombianos durante estos cuatro años del gobierno actual, es precisamente el miedo. No se trata simplemente de una cuestión ideológica o de estilo presidencial, sino de algo más profundo y preocupante: la normalización de la mentira como método de gobierno.
Cuando la verdad pública deja de circular libremente, la sociedad comienza a vivir bajo la sombra de la oscuridad y la incertidumbre se convierte en la norma. Surgen preguntas angustiantes: ¿realmente habrá elecciones? Y si las hay, ¿se respetará la voluntad popular? Estas dudas minan la confianza ciudadana y alimentan el clima de temor generalizado.
La anatomía del miedo en las ciudades colombianas
El miedo es un sentimiento contagioso que se expande rápidamente y en ocasiones se materializa de formas visibles. Es posible observar su anatomía y sus efectos en el espacio urbano. Los fantasmas del miedo organizan el territorio a través de la percepción de inseguridad, determinando qué sectores se evitan, qué rutas se eligen e incluso generando comportamientos peculiares como tocarse constantemente los bolsillos para verificar que nuestros celulares siguen allí.
Como señala el investigador F. Carrión, en América Latina -considerada la región más peligrosa del mundo- el miedo se ha convertido en un organizador del uso de las ciudades. Este fenómeno no solo afecta nuestra movilidad, sino también nuestra psicología colectiva y nuestras interacciones diarias.
Cuando las mentiras reemplazan a las certezas
El problema se agrava cuando, en lugar de certezas, los ciudadanos reciben constantemente mentiras o disparates por parte de sus gobernantes. En estas condiciones, el miedo domina completamente, se esparce como pólvora mental y produce parálisis social o conduce a decisiones erróneas.
¿No será precisamente este el sentimiento que ha caracterizado la experiencia del actual gobierno? Un gobierno que se despide con el fracaso de la llamada 'paz total' y un sistema de salud desbaratado, dos de las mayores fuentes de angustia ciudadana que predeterminan nuestras preocupaciones diarias.
Si vencer el miedo significa pasar al otro lado, a un espacio de mayor seguridad y confianza, la pregunta crucial que debemos hacernos es: ¿lograremos hacer esa transición como sociedad? La respuesta dependerá en gran medida de nuestra capacidad para reconstruir la verdad pública y restaurar la confianza en las instituciones democráticas.



