La urgente necesidad de liderazgos éticos en Colombia
En el panorama actual de Colombia, desde las juntas directivas empresariales hasta las instituciones académicas y gubernamentales, resuena una preocupación constante: la notable ausencia de verdaderos liderazgos. Esta carencia no representa simplemente una falta de administradores capaces de manejar crisis coyunturales, sino que revela una necesidad profunda de guías que rescaten los principios éticos y las virtudes humanas, reconociendo a las personas como el activo más valioso para el desarrollo organizacional y nacional.
La crisis de confianza: un problema histórico
Como nación, Colombia enfrenta una crisis estructural de confianza cuyas raíces se extienden por más de dos siglos de vida republicana. Nuestro sistema político surgió en medio de profundas desconfianzas, conflictos prolongados y una excesiva dependencia de figuras personalistas que, lejos de unificar, han exacerbado divisiones hasta llegar a los extremos de polarización que caracterizan nuestro presente.
La reconstrucción de la confianza social requiere líderes capaces de generar condiciones donde colaboradores y ciudadanos puedan creer y depositar su fe en proyectos comunes. Este proceso exige que quienes dirigen instituciones públicas, empresas privadas y organizaciones sociales vuelvan su mirada hacia el otro, recuperando la esencia de la ética como búsqueda del bien común.
Las cuatro virtudes cardinales del liderazgo ético
La filosofía estoica y las tradiciones sapienciales coinciden en identificar cuatro virtudes fundamentales para el desarrollo del liderazgo ético:
- Prudencia: Capacidad de discernimiento para tomar decisiones que beneficien al conjunto, anticipando consecuencias y evaluando alternativas con sabiduría práctica.
- Justicia: Según investigaciones de la Harvard Business School sobre equidad organizacional, esta virtud constituye el motor principal del compromiso institucional. Distribuir con equidad recursos, oportunidades y reconocimientos es esencial para cerrar brechas que alimentan resentimientos sociales.
- Fortaleza: En momentos de crisis, se requiere coraje para mantener el rumbo cuando las fuerzas flaquean. Esta resiliencia permite enfrentar problemas complejos con determinación, constituyéndose en atributo natural del líder que se fortalece en la adversidad.
- Templanza: El dominio de sí mismo ante el caos externo. La serenidad del líder funciona como ancla y brújula para cualquier organización, comprendiendo que sus decisiones pueden impactar el tejido social durante décadas.
Liderazgo del siglo XXI: ético y empático
El liderazgo contemporáneo debe integrar inteligencia emocional con visión estratégica, conectando genuinamente con las necesidades de trabajadores y ciudadanos que aspiran a mejorar su calidad de vida y bienestar familiar. Se trata de inspirar no solo mediante discursos, sino a través de acciones concretas que empoderen a cada individuo en su crecimiento personal, intelectual y patrimonial.
La verdadera transformación ocurre cuando el liderazgo adopta una clave de servicio, orientándose hacia la excelencia personal en cualquier rol: docente, servidor público, militar, emprendedor, directivo empresarial o padre de familia. Es momento de trascender la mera administración para liderar personas con propósito.
Solo mediante la luz de la prudencia, la equidad de la justicia, la firmeza de la fortaleza y la compostura de la templanza podremos desarrollar los liderazgos éticos necesarios para convertir la desconfianza histórica y la polarización actual en el prólogo de nuestra mejor versión como país.