La elección de líderes políticos en 2026: un punto de inflexión para Colombia
No elegir líderes políticos responsables y experimentados en gobernabilidad y cultura de la paz para el 2026 podría precipitar la democracia colombiana hacia el caos. Desde el interior de la instancia política contemporánea, se identifican tres nociones fundamentales cuya comprensión teórico-práctica será decisiva para medir el grado de desarrollo democrático en las próximas décadas: la gobernabilidad, el liderazgo político y la construcción de la paz.
Gobernabilidad democrática: origen y evolución
La gobernabilidad democrática tiene sus raíces en la antigua Grecia, donde se festejaba a los cibernecios, los gobernantes de las naves, por su destreza en la conducción. Con el tiempo, esta noción evolucionó, y en el siglo XX, Winner la definió como la ciencia de la comunicación y el control. En la década de los 70, científicos como Huntington y Deutsch refinaron el concepto, destacando distintos tipos de gobernabilidades. Hoy, existen numerosas publicaciones, investigaciones y programas académicos dedicados a este tema, con un interés significativo en organizaciones como las Naciones Unidas y el P.N.U.D.
Para que exista gobernabilidad democrática, se requieren cinco componentes esenciales: i. capacidad del sistema político para ejecutar políticas públicas; ii. un proyecto que satisfaga las necesidades fundamentales de la mayoría; iii. estabilidad de un orden político democrático en el ejercicio del poder; iv. acción eficiente y eficaz del Estado; y v. comunicación ética entre gobernantes y comunidad.
Ejemplos históricos de gobernabilidad
La gobernabilidad no se limita a regímenes democráticos. Por ejemplo, el régimen zarista fue gobernable hasta su crisis, dando paso al gobierno socialista de Lenin y Trotski. Hitler y Mussolini alcanzaron gobernabilidad a través de regímenes autoritarios, aunque sus sistemas eventualmente naufragaron. En Colombia, Rojas Pinilla logró gobernabilidad tras el "golpe de opinión" en 1953, pero su régimen colapsó debido a violaciones de derechos humanos y falta de capacidad intelectual, abriendo paso a la recuperación democrática con Alberto Lleras Camargo en 1958.
En América Latina, figuras como Pinochet en Chile demostraron que, a pesar de la ilegitimidad, se puede alcanzar gobernabilidad mediante astucia y ambición, aunque estos regímenes suelen tener un destino histórico negativo.
Construcción de una cultura de la paz
La paz es un concepto en evolución, con implicaciones históricas, políticas, económicas, sociales, culturales, ambientales e internacionales. Desde los años 70, expertos la conciben como un proceso histórico estructural que cristaliza la ausencia de violencia abierta, estructural y cultural. Una nueva cultura de la paz puede definirse como un proceso donde se dan formas de existir, ver, vivir y sentir esta ausencia de violencia.
Basado en el trabajo de Johan Galtung, se proponen diez alternativas constructivas para estructurar la paz en Colombia:
- Transformación de conflictos: Formar trabajadores para la paz que intervengan en conflictos y generen soluciones innovadoras.
- Crear actores para la paz: Establecer grupos comprometidos, especialmente de mujeres y jóvenes.
- Educación para la paz: Movilizar escuelas y universidades, incluyendo currículos sobre paz y convivencia.
- Periodismo de la paz: Entrenar periodistas para abordar conflictos subyacentes y promover soluciones creativas.
- Constituir zonas de paz: Crear espacios locales desarmados con supervisión internacional y programas de reconciliación.
- Mantener la paz: Cooperar con fuerzas militares civilizadas, enfocándose en estrategias psicológicas más que bélicas.
- Reconciliación o reconstrucción: Facilitar el tejido social y abordar traumas psicológicos, tomando ejemplos de África del Sur y Guatemala.
- Negocio-comercio para desarrollo y paz: Institucionalizar estímulos comerciales en zonas de conflicto y promover cultivos alternativos.
- Desarrollo para la subsistencia: Crear modos de sobrevivencia con energías baratas y microcréditos, priorizando la autosuficiencia.
- Enfrentar patologías culturales: Capacitar personal para manejar efectos de la violencia y promover valores como respeto a la vida y derechos humanos.
Conclusión: un llamado a la acción para 2026
Frente a la realidad empírica de la gobernabilidad y la cultura de paz en Colombia, es imperativo repensar el futuro. Se necesitan líderes experimentados en estos ámbitos, con raigambre popular y conocimiento profundo de lo que implica gobernar y construir paz. La improvisación en el liderazgo, especialmente a través de medios de comunicación, ha sido funesta para la democracia. Para 2026, la elección de figuras preparadas y éticas será crucial para evitar el caos y fortalecer la estabilidad nacional, aprendiendo de lecciones históricas y aplicando alternativas constructivas en la búsqueda de una paz duradera.