Gasto público domina el crecimiento económico de Colombia en primer trimestre
Gasto público domina crecimiento económico en primer trimestre

El crecimiento de la economía colombiana volvió a encender las alertas entre analistas y empresarios. Aunque el país registró una expansión de 2,2 por ciento al cierre del primer trimestre del año, las cifras reveladas por el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (Dane) muestran que el crecimiento hoy depende principalmente del gasto público y no de una recuperación sólida de la inversión o de los sectores productivos.

El gasto de consumo final del Gobierno creció 7,8 por ciento entre enero y marzo, casi cuatro veces más que toda la economía colombiana. Ese componente explicó cerca del 46 por ciento del crecimiento total del producto interno bruto (PIB) en el trimestre. Si se toma el último año completo terminado en marzo, el panorama es aún más revelador: el gasto público explicó alrededor del 59 por ciento del crecimiento económico del país.

Al mismo tiempo, la formación bruta de capital —uno de los principales termómetros de inversión y crecimiento futuro— cayó 3 por ciento, mientras la construcción siguió hundida en terreno negativo y sectores como agricultura y minería volvieron a debilitarse, luego de reportar avances importantes.

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El resultado muestra que la economía sigue creciendo, pero cada vez con bases más frágiles y más dependiente del gasto estatal, coinciden algunos analistas. “Esto no es sostenible. El gasto excesivo del Gobierno no puede ser una fuente sostenible de crecimiento de largo plazo”, advirtió César Pabón, director de investigaciones económicas de Corficolombiana.

El economista fue incluso más lejos al afirmar que, si se excluyera el efecto de la administración pública, el crecimiento de la economía habría estado mucho más cerca de 1,6 por ciento que el reportado por el Dane. “Realmente este es un crecimiento no sostenible y explicado por factores más coyunturales y no estructurales”, afirmó.

Pabón explicó que buena parte del impulso del gasto público estuvo relacionado con el ciclo electoral y con el incremento de gastos de funcionamiento en distintas ramas del Estado. Pero también alertó sobre el deterioro fiscal que viene acompañando ese aumento del gasto. “Esto hay que sumarle que no solamente son los temas electorales, sino ese exceso de gasto que ha tenido este Gobierno en particular y que nos lleva a este mal momento de las finanzas públicas”, señaló.

Las cifras oficiales respaldan esa lectura. El Dane reveló que la organización electoral creció 104 por ciento en el trimestre, la rama legislativa avanzó 17,6 por ciento, los organismos autónomos 13,2 por ciento y el Gobierno central 9,6 por ciento.

Agro perdió fuerza

Piedad Urdinola, directora del ente estadístico oficial, reconoció de manera abierta el peso que tuvo el gasto estatal dentro del resultado económico del trimestre. Explicó que la dinámica estuvo impulsada por mayores pagos en funcionamiento, defensa, educación y el componente electoral. “El gasto de consumo final de gobierno general crece 7,8 por ciento”, señaló la funcionaria al explicar el comportamiento de la demanda interna.

Detalló además que el crecimiento de la administración pública estuvo asociado principalmente a la remuneración de asalariados y mayores gastos de funcionamiento, especialmente en actividades relacionadas con elecciones, defensa y educación pública.

Ese impulso del sector oficial también terminó dominando el comportamiento productivo de la economía. La rama de administración pública, defensa, educación y salud creció 5,7 por ciento y aportó 0,9 puntos porcentuales al PIB total, es decir, cerca del 40 por ciento de todo el crecimiento económico del trimestre.

Mientras tanto, varios de los sectores históricamente más importantes para la actividad económica continúan debilitados. La construcción cayó 5,4 por ciento, convirtiéndose nuevamente en uno de los principales lastres del crecimiento. Las edificaciones residenciales y no residenciales retrocedieron 8,2 por ciento, mientras la inversión en vivienda cayó 3,2 por ciento.

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Según Urdinola, detrás de esa caída hay un fenómeno: los proyectos se están terminando, pero no están siendo reemplazados por nuevas inversiones. “Lo que estamos viendo aquí, que termina jalonando al negativo, es precisamente el cierre de distintos proyectos de construcción y vivienda que no se están renovando”, explicó.

El agro también perdió fuerza. La agricultura cayó 1,4 por ciento, golpeada por el desplome del café tras el auge que registró el año pasado por los altos precios internacionales. La minería, por su parte, volvió a terreno negativo con una caída de 0,1 por ciento, afectada por la reducción en extracción de carbón y petróleo.

Problema estructural

Bruce Mac Master, presidente de la Andi, aseguró que el resultado del PIB refleja un problema estructural mucho más profundo, en la medida que la economía colombiana perdió capacidad de crecimiento y no está construyendo bases para crecer hacia adelante. “Preocupa la contribución del gasto público en el desempeño económico reciente, precisamente en un momento donde el principal problema económico es la sostenibilidad de las finanzas”, afirmó.

El dirigente gremial recordó que el déficit fiscal ronda el 7 por ciento, la caja del Gobierno se encuentra en mínimos históricos y el Ministerio de Hacienda ha tenido que colocar deuda a tasas cercanas al 14 por ciento para financiar el gasto. Mac Master también alertó sobre el deterioro de la inversión, que hoy apenas representa cerca del 17 por ciento del PIB. “No estamos generando las condiciones para el crecimiento futuro”, señaló.

Por su parte, Andrés Langebaeck, exvicepresidente de Anif, coincidió en que el resultado del primer trimestre fue decepcionante frente a las expectativas del mercado. “El crecimiento del PIB en el primer trimestre del año decepcionó y permite anticipar que deberán ajustarse a la baja las cifras de crecimiento para este año”, afirmó. Aunque reconoció que el gasto público sigue creciendo a tasas históricamente altas, advirtió que el impulso ya empieza a perder fuerza frente a las elevadas bases de comparación del año pasado. Además, llamó la atención sobre la debilidad de la inversión. “La economía que no invierte no crece”, resumió.

Daniel Velandia, economista jefe de Credicorp Capital, también advirtió que el mayor gasto público está ayudando a sostener la actividad en el corto plazo, pero a costa de un deterioro fiscal que terminará pasándole factura al país. “Ese mayor crecimiento del gasto público impacta positivamente la actividad en el corto plazo, pero pagar la cuenta de ese deterioro fiscal seguramente le va a salir costoso al país en los próximos años”, afirmó. El economista señaló además que la inversión continúa afectada por la incertidumbre regulatoria en sectores estratégicos como petróleo, minería, construcción, infraestructura, energía y vivienda.

Desde BBVA Research, Alejandro Reyes también advierte sobre el desbalance que está mostrando la economía colombiana. Aunque reconoce que el consumo privado y el gasto del Gobierno siguen sosteniendo la demanda interna, alerta que la inversión continúa muy rezagada y que el comportamiento de los inventarios introduce un sesgo bajista para el crecimiento del año. “La economía sigue teniendo un desbalance estructural entre el desempeño del gasto en consumo final y la inversión”, señaló la entidad.

Marzo mejoró

No obstante, el Dane destacó que marzo mostró una aceleración importante de la actividad económica. El Indicador de Seguimiento a la Economía (ISE), considerado una especie de termómetro mensual del PIB, creció 4 por ciento en marzo, muy por encima del 1 por ciento de enero y del 1,3 por ciento de febrero.

También hubo señales positivas en el consumo de los hogares. El gasto en bienes durables, como vehículos, electrodomésticos y tecnología, creció 12,7 por ciento, mientras conciertos, eventos y actividades recreativas siguieron impulsando sectores de entretenimiento y servicios.

Sin embargo, para la mayoría de analistas, esos factores no cambian el problema de fondo: Colombia mantiene un crecimiento bajo, cada vez más dependiente del gasto estatal y con una inversión insuficiente para garantizar una expansión sostenida en los próximos años.