La vicepresidencia en Colombia: Un debate histórico que resurge
En ocho días, en el Gimnasio Moderno de Bogotá, se realizará la presentación de la segunda edición del libro 'Los segundos de a bordo' del periodista e historiador Óscar Alarcón Núñez. Esta obra adquiere especial relevancia en el contexto político actual, donde la forma de escoger a los compañeros de fórmula en las campañas presidenciales ha reavivado el debate sobre la conveniencia misma de la vicepresidencia en el sistema político colombiano.
Un recorrido histórico por las figuras de reemplazo presidencial
El autor realiza un exhaustivo análisis histórico y jurídico sobre cómo se ha regulado en las distintas constituciones colombianas la figura del reemplazo del Presidente en sus faltas absolutas o temporales. La obra va más allá del rigor académico para incluir numerosas anécdotas sobre nuestro devenir político, ofreciendo una perspectiva completa sobre esta institución.
A lo largo de la historia de Colombia, el país ha tenido principalmente dos figuras para este propósito:
- El vicepresidente: Figura que predominó durante el siglo XIX
- El designado: Sistema que funcionó durante gran parte del siglo XX
Conflictos históricos y cambios constitucionales
Las relaciones entre presidentes y sus segundos de a bordo no han sido fáciles a lo largo de la historia. Desde las conocidas discrepancias entre Bolívar y Santander en el siglo XIX, hasta el golpe de Estado que el vicepresidente Marroquín le dio al presidente San Clemente el 31 de julio de 1900, la figura ha estado marcada por tensiones políticas.
El dictador Reyes, a comienzos del siglo XX, utilizó una constituyente de bolsillo para suprimir la vicepresidencia después de hacerse prorrogar su periodo. Durante el resto del siglo XX, Colombia adoptó el sistema del designado elegido cada dos años por el Congreso, una figura sin sueldo ni casa vicepresidencial, cuya única función era reemplazar al presidente en casos de renuncia, licencia o enfermedad.
El sistema del designado: 84 años de funcionamiento
Este sistema funcionó sin mayores tropiezos durante 84 años consecutivos, con varios designados que ejercieron la presidencia por periodos más o menos prolongados:
- Carlos Holguín cuando Marco Fidel Suárez fue obligado a renunciar
- Darío Echandía durante ocho meses por licencia de López
- Alberto Lleras que cumplió el último año de López Pumarejo tras su renuncia
- Urdaneta por más de un año durante la enfermedad de Laureano Gómez
El retorno a la vicepresidencia en 1991
Curiosamente, en la Constitución de 1991 se aprobó volver a la figura de la vicepresidencia, con la inteligente oposición de Humberto de la Calle, quien paradójicamente se convertiría después en el primer vicepresidente de la nueva era con el presidente Samper. Mientras el designado no tenía ninguna función específica, el nuevo sistema copió -de manera imperfecta- el modelo estadounidense, estableciendo que el presidente podría asignarle funciones como ministro o embajador.
Relaciones complejas en la era contemporánea
Las relaciones entre presidentes y vicepresidentes en la era posterior a 1991 han sido variadas y frecuentemente complejas:
- Humberto de la Calle renunció a la vicepresidencia y a la embajada en medio de una confrontación abierta con Samper
- Pastrana no tuvo dificultades con Bell, a quien nombró ministro de Defensa
- Uribe mantuvo una relación sin mayores problemas con 'Pachito Santos'
- Juan Manuel Santos terminó en malquerencias con su primer vicepresidente, Angelino Garzón
- Duque enfrentó diferencias soterradas con Marta Lucía Ramírez
- Petro ha tenido dificultades conocidas con Francia Márquez
El problema de fondo y una propuesta
El problema fundamental radica en que no siempre el aliado para ganar una elección es el compañero ideal para gobernar. La entrevista reciente de la fórmula Valencia-Oviedo en la revista Cambio avizora eventuales problemas en el ejercicio del gobierno, según analistas políticos.
Ante esta situación, surge la propuesta de volver al sistema del designado, que sería elegido por el Congreso cada dos años. Esta figura, según el análisis presentado en el libro, serviría para atenuar el asfixiante presidencialismo que caracteriza al sistema político colombiano actual, ofreciendo una alternativa institucional que funcionó exitosamente durante décadas en el siglo XX.
El debate sobre la vicepresidencia versus el designado no es solo académico, sino que tiene implicaciones prácticas profundas para la estabilidad institucional y el ejercicio del poder en Colombia. La presentación del libro de Alarcón Núñez promete aportar nuevos elementos a esta discusión que cobra especial vigencia en el contexto político actual.



