El poder del relato político en Colombia: cómo izquierda y derecha construyen sus narrativas
El poder del relato político en Colombia: narrativas de izquierda y derecha

El poder del relato político y sus trampas en el escenario colombiano

En el ámbito político colombiano, tanto en la izquierda como en la derecha emerge –de manera explícita o implícita– la idea de que "todos, menos ellos, caben". Las elecciones se ganan con relatos convincentes que van más allá de la simple competencia por el poder: se trata de una lucha por el sentido, por la capacidad de interpretar el dolor colectivo, nombrar la esperanza, pintar un sueño compartido y ofrecer un camino viable hacia el futuro.

Diferentes enfoques narrativos: país político versus país ciudadano

Existe una diferencia sustancial en el receptor del mensaje entre ambas corrientes. La derecha suele dirigirse principalmente al país político –a quienes siguen de cerca el debate institucional, económico y de seguridad–, mientras que la izquierda se dirige al país ciudadano: a la gente de a pie, concentrada en sobrevivir y salir adelante en su vida cotidiana.

La narrativa de la derecha gravita actualmente en torno a un discurso antipetrista que coloca en primer plano las múltiples crisis –de seguridad, de salud, fiscal, energética– que enfrenta el país. Aunque estas crisis son reales y documentadas, el sujeto principal del relato no es la persona, sino el problema mismo. Cuando el problema ocupa todo el escenario discursivo, la gente común desaparece del cuadro, quedando relegada a un segundo plano.

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La narrativa de la izquierda: desde la herida hacia la identidad

Por su parte, la izquierda se dirige directamente a las víctimas del conflicto, a los pobres, a los excluidos históricos, a quienes sienten que el sistema nunca los ha reconocido ni tenido en cuenta. Evoca constantemente la lucha obrera y campesina, la resistencia indígena, el coraje de los jóvenes, la emancipación de las mujeres. Su narrativa no parte del problema abstracto, sino de la herida concreta. No se limita a enumerar crisis institucionales; nombra dolores personales y colectivos. Este enfoque genera identidad y pertenencia entre quienes se sienten representados.

Muchos ciudadanos pueden no sentirse plenamente satisfechos con el gobierno de Gustavo Petro, pero, sin duda, se sienten vistos, reconocidos y dignificados por su discurso. Y esto, políticamente hablando, resulta decisivo en términos de construcción de bases sociales y apoyo electoral.

Debilidades y fortalezas de cada narrativa

No obstante, existe una debilidad importante en la izquierda: evita hablar de los temas que más preocupan a los ciudadanos en la actualidad –seguridad y salud–, porque tiene pocos resultados tangibles que mostrar en estas áreas cruciales.

Otra diferencia clave radica en el lenguaje temporal que utilizan ambas corrientes. En el relato de la derecha se repiten palabras como "recuperar", "rescatar" o "devolver". Verbos que miran hacia atrás y evocan regresar a algo que ya existió. Aunque hay sectores que añoran cierta estabilidad pasada, para amplios segmentos de la población el pasado no es un lugar al que quieran volver. La Colombia de hoy no es la de antes del acuerdo de paz ni la de antes del estallido social. El país ha cambiado demográfica, cultural y emocionalmente. La nostalgia, por poderosa que sea, no construye futuro. Puede movilizar inconformidad, pero difícilmente siembra esperanza duradera.

En la narrativa de la izquierda, en cambio, resuenan palabras como "revolución" y "transformación". Más allá de su carga ideológica tradicional, estas palabras proyectan cambio acelerado, movimiento constante, ruptura con lo establecido y mirada hacia el futuro.

La trampa compartida y la posibilidad del centro

Pero existe algo inquietante que ambos relatos comparten. En los dos aparece –de forma explícita o implícita– una trampa peligrosa: la idea de que "todos, menos ellos, caben". Y el "ellos", por supuesto, cambia según quién esté hablando en cada momento.

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En medio de esta polarización empieza a abrirse una posibilidad distinta: una opción de centroderecha más coherente con lo que es Colombia hoy. Una apuesta política alrededor del concepto inclusivo de "todos". Una invitación a caminar juntos en medio de las diferencias, que no implica perder identidad política, sino ganar comprensión mutua; que permite sumar cicatrices históricas y miradas diversas sin perder de vista el propósito común: construir un mejor país.

La unión entre figuras tan distintas como Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo, lejos de debilitar el mensaje político, le otorga credibilidad y amplitud. El relato se sostiene con el ejemplo concreto, que resulta más elocuente que cualquier consigna abstracta.

Hacia un relato que teja país

Colombia necesita urgentemente un relato político que ayude a tejer el país fracturado. Una dirección que no obligue a escoger entre transformaciones sociales y seguridad ciudadana –porque un país no puede sostenerse solo sobre una de esas dos dimensiones: necesita ambas de manera complementaria–, ni entre un "ellos" y un "nosotros" excluyentes, sino que se atreva a construir un "todos" inclusivo.

Quien logre articular este relato integrador no solo ganará las próximas elecciones, sino que conquistará algo más difícil de alcanzar en la política colombiana contemporánea: legitimidad duradera basada en la representación genuina de la diversidad nacional.