Desarrollo y democracia: pilares interdependientes en la OEA
Desarrollo y democracia: pilares interdependientes en la OEA

Los países del hemisferio occidental no forman parte de la Organización de Estados Americanos (OEA) por una simple coincidencia geográfica. Compartimos una de las regiones más extensas y ricas del mundo en recursos naturales y capital humano, así como un largo recorrido en la búsqueda de la libertad, la democracia, el desarrollo y el respeto por la dignidad humana.

Treinta años del Consejo Interamericano de Desarrollo Integral (CIDI)

Este año conmemoramos el trigésimo aniversario del Consejo Interamericano de Desarrollo Integral (CIDI) de la OEA, creado en el seno de la organización para impulsar las prioridades de desarrollo en las Américas y fortalecer su vínculo con la estabilidad democrática. Este hito nos recuerda que el desarrollo y la prosperidad regional son esenciales para alcanzar mejores niveles de vida, especialmente para los grupos históricamente marginados.

La década de 1990 fue un período fértil para la región: tras superar dictaduras militares, autoritarismo y conflictos internos en la mayoría de los países, los Estados miembros de la OEA buscaron iniciar un círculo virtuoso basado en la promoción de libertades, derechos humanos, desarrollo sostenible, seguridad hemisférica y reducción de la pobreza. Dimensiones que habían sido difíciles de articular a lo largo de nuestra turbulenta historia.

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Siguiendo los mandatos de la Carta de la OEA, desde 1996 el CIDI desarrolló una agenda centrada en la cooperación técnica, el desarrollo económico y social, y el abordaje de los desafíos de la revolución tecnológica y sus consecuentes cambios sociales, económicos y políticos en el hemisferio.

Reflexión sobre el camino recorrido

Treinta años después, desde la presidencia del CIDI, convocamos a un espacio de reflexión sobre la evolución de este órgano principal de la organización y su proyección en esta nueva era. El foro ha logrado incorporar a la agenda temas como el crecimiento sostenible, la inclusión social, el comercio, el empleo, el turismo, la educación, la inserción económica de las mujeres, el desarrollo ambientalmente sostenible y la energía como motor del desarrollo. De manera consensuada, los Estados miembros han avanzado en los desafíos de cada momento histórico.

En cuanto a los resultados, a largo plazo, la mayoría de los países de la región han mostrado mejoras en indicadores económicos, sociales y de desarrollo. No obstante, reconocemos que aún queda un largo camino por recorrer para lograr una mayor integración económica y niveles de prosperidad que no dejen a nadie atrás. Estamos en un momento crucial para reafirmar que los habitantes del hemisferio deben tener la oportunidad de participar en los avances de la ciencia y la innovación tecnológica sin demora.

Desafíos y oportunidades para el futuro

Nuestra tarea es retomar la gesta por la libertad y la prosperidad como causa común, siempre con el debido respeto por la soberanía particular de los pueblos. Es también una oportunidad para renovar la cooperación y el intercambio de experiencias en campos tan centrales como la agricultura, la investigación, la innovación, la inteligencia artificial, el acceso a la electricidad y al agua, cuidando de alcanzar un desarrollo sustentable con nuestra privilegiada naturaleza.

El CIDI es precisamente el órgano que cuenta con los instrumentos para llevarlo adelante. En temas de desarrollo, sus instancias ministeriales permiten a los países coordinar y establecer objetivos. La Carta Social de la OEA, aprobada en 2012, postula acertadamente que la lucha contra la pobreza, la reducción de las inequidades, la promoción de la inclusión social, así como la conservación y el uso sostenible de los recursos naturales, son desafíos fundamentales e interrelacionados que enfrenta el hemisferio.

El papel de los actores no estatales

Por supuesto, estos retos no pueden ni deben ser abordados únicamente por los Estados; también es necesaria la participación de los organismos multilaterales y un papel cada vez más robusto del sector privado. Para ello, en el ámbito del CIDI, contamos con la Carta Empresarial Interamericana, un instrumento que posiciona a la OEA como pionera en el reconocimiento de las empresas como un actor fundamental en el fortalecimiento del desarrollo integral del continente.

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En el año que se cumplen 200 años del Congreso Anfictiónico de Panamá, donde el libertador Simón Bolívar propuso establecer el espacio de integración más grande del planeta, y 250 años de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, nuestra tarea es retomar la gesta por la libertad y la prosperidad como causa común, siempre con el debido respeto por la soberanía particular de los pueblos.

Para que la búsqueda de la pública felicidad no sea una utopía, se requiere del esfuerzo común de todos los actores del hemisferio: gobiernos, sector privado, diálogo con la sociedad en sentido amplio y asistencia financiera. Un hemisferio integrador, en paz y con equidad, también necesita involucrar a los pueblos en el camino al desarrollo, como parte de una región con valores y prosperidad compartida.

Sociedades con altos niveles de desigualdad, exclusión o falta de oportunidades enfrentan mayores riesgos de fragmentación social, desconfianza institucional y debilitamiento del tejido democrático.

El embajador Edison Lanza es representante permanente de Uruguay ante la OEA y preside el Consejo Interamericano para el Desarrollo Integral (CIDI).