El fin de Comunes deja a los firmantes de paz sin representación política en el Congreso
La colectividad surgida de las Farc compitió por primera vez en urnas sin los escaños garantizados que le otorgó el acuerdo de paz durante dos periodos constitucionales. Los firmantes de paz inician un nuevo camino tras la contundente derrota electoral del 8 de marzo, que marca el fin de su representación en el poder legislativo colombiano.
Una coalición que no alcanzó para sobrevivir
Ni aferrándose a la coalición de Fuerza Ciudadana logró Comunes garantizar su supervivencia como partido político. La colectividad surgida del acuerdo de paz de 2016 entre el Estado y las extintas Farc desaparecerá oficialmente tras no alcanzar el umbral mínimo del 3% de votos requerido por la ley electoral. Así, los firmantes de paz se quedan completamente sin representación en el Congreso de la República.
La colectividad había gozado de dos periodos constitucionales completos con 10 curules fijas -cinco en Senado y cinco en Cámara- producto específico de los acuerdos de La Habana. Su primera prueba de fuego real eran precisamente estas elecciones de marzo, donde debían competir en igualdad de condiciones con los demás partidos políticos establecidos.
Los números de una derrota anunciada
Consciente de la extrema dificultad para superar el umbral requerido, el partido apostó todo a unirse a la coalición liderada por Carlos Caicedo. Su candidata más visible era Sandra Ramírez, quien durante 24 años fue la compañera sentimental de Manuel Marulanda, conocido como 'Tirofijo', el fundador histórico de las Farc. Sin embargo, su campaña solo logró reunir 10.505 votos, una cifra muy por debajo de lo necesario.
Desde el partido político, nacido directamente del Acuerdo Final de Paz, expresaron su "profundo agradecimiento a todas las personas, organizaciones sociales, liderazgos territoriales y sectores democráticos que acompañan y respaldan la defensa de nuestra apuesta política". Además, reafirmaron su "compromiso indeclinable con la implementación integral del Acuerdo Final de Paz".
Las razones estructurales de la dura derrota
El analista político Alejandro Chala señala que Comunes terminó convirtiéndose en una colectividad de nicho, centrada principalmente en los firmantes del acuerdo de paz y marcada por tensiones internas profundas que venían incluso desde la época de la insurgencia armada.
Según su análisis, el partido nunca logró crecer orgánicamente ni ganar legitimidad social amplia, en parte por el rechazo persistente que dejaron prácticas de las Farc como el secuestro masivo, lo que mantiene un fuerte estigma frente a su origen guerrillero. "Todas estas lógicas llevaron a que perdieran mucho peso en la opinión pública y fueran condenados al margen", sostuvo el experto.
Un contexto electoral complejo
Días antes de los comicios, un documento de cinco páginas firmado por Rodrigo Londoño, alias 'Timochenko', y los otros seis integrantes del último secretariado de las antiguas Farc fue radicado ante la Jurisdicción Especial para la Paz. En él, los comparecientes reconocieron explícitamente el reclutamiento y la utilización de 18.000 niños y niñas para la guerrilla, un hecho que sin duda impactó la percepción pública.
Para Chala, los proyectos políticos surgidos de insurgencias no tienen garantizado automáticamente su futuro electoral, como ocurrió también con movimientos nacidos de desmovilizaciones anteriores en Colombia, particularmente la Alianza Democrática M-19. "Pasó con prácticamente algunos de los partidos que surgieron de las desmovilizaciones de 1990 y que terminaron siendo partidos que se disgregaron de alguna otra forma", apuntó el politólogo.
Lecciones para el sistema político
Chala considera que los resultados electorales también desmontan definitivamente el argumento del "no" en el plebiscito de 2016, según el cual los excombatientes se "tomarían" la política colombiana. Por el contrario, han participado en democracia pero sin demostrar capacidad real de movilización electoral significativa.
Los firmantes de paz ahora enfrentan el desafío de encontrar nuevos espacios de participación política fuera del Congreso, mientras el sistema debe responder cómo integrar efectivamente a quienes dejaron las armas para incorporarse a la vida civil y política del país. El futuro de la representación política de los excombatientes queda en un limbo institucional que requerirá soluciones creativas y compromiso de todas las partes.



