La banalización del término 'fascismo' en el discurso político colombiano
El debate público en Colombia enfrenta actualmente una preocupante superficialidad conceptual que distorsiona el diálogo democrático. Diariamente, diversas figuras políticas emplean la palabra "fascismo" con una ligereza alarmante, transformándola en un simple epíteto vacío de contenido histórico y filosófico.
Una apropiación conceptual errónea
Desde sectores de la izquierda radical hasta supuestas corrientes moderadas, se ha establecido la práctica de calificar como "fascista" a cualquier persona que defienda principios fundamentales como el capitalismo, el Estado de derecho o la democracia liberal. Esta tendencia representa una distorsión grave del lenguaje político que merece un análisis profundo desde la historia de las ideas y la economía política.
La realidad histórica muestra que el fascismo y el socialismo no constituyen polos opuestos, sino que comparten raíces conceptuales profundas como sistemas que compiten por el control del aparato coercitivo estatal. Ambos representan dos manifestaciones diferentes de una misma visión colectivista que subordina al individuo a entidades superiores.
La paradoja del antifascismo contemporáneo
Resulta profundamente irónico observar cómo se intenta calificar de "fascistas" a quienes defienden la libertad económica, cuando el verdadero fascismo histórico se caracterizaba precisamente por la pretensión de que el Estado dirigiera todos los aspectos de la vida ciudadana. La máxima mussoliniana "Todo en el Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado" encuentra ecos preocupantes en discursos políticos actuales.
Al analizar propuestas como las del senador Iván Cepeda, quien promete "radicalizar" reformas sociales sin "acabar con el capitalismo", se revela una trampa semántica significativa. Mientras el socialismo clásico exigía la expropiación legal de los medios de producción, el fascismo económico permitía la propiedad formal privada pero establecía un control estatal de facto sobre la producción, precios, contratación y márgenes de ganancia.
El corporativismo de Estado como realidad actual
Cuando los políticos se arrogan la facultad de definir qué es "productivo" y cómo debe "redistribuirse" la riqueza, el libre mercado genuino desaparece para dar paso al corporativismo de Estado. La planificación central disfrazada bajo eufemismos como "capitalismo redistributivo" requiere inevitablemente suprimir la libertad de elección individual.
Sin un sistema de precios libres y sin propiedad privada plena, resulta matemáticamente imposible lograr una asignación racional de recursos, lo que destruye la innovación y asfixia la función empresarial. El empresario deja de servir a los consumidores para convertirse en administrador de los caprichos burocráticos.
Los verdaderos herederos del modelo corporativista
Quienes hoy se presentan como "antifascistas" mientras exigen que el Estado controle los hilos de la economía son, en realidad, los herederos conceptuales del modelo corporativista de los años treinta. Acusan de fascista al libre mercado precisamente para ocultar que su proyecto político representa la aplicación rigurosa del fascismo económico.
Este sistema crea la ilusión de propiedad privada mientras transfiere el control real al aparato burocrático estatal. El ciudadano colombiano merece un debate honesto que distinga entre:
- La defensa genuina de libertades individuales
- Los sistemas de control estatal disfrazados de progresismo
- El uso responsable de terminología histórica
- La preservación de mecanismos de mercado auténticos
La recuperación de un debate político serio en Colombia requiere abandonar estas simplificaciones peligrosas y enfrentar las discusiones conceptuales con el rigor histórico y filosófico que merecen.