Un llamado urgente al voto consciente y masivo
En un contexto marcado por múltiples amenazas contra el proceso democrático, Colombia enfrenta una jornada electoral decisiva este 8 de marzo. Mientras se conmemora el Día Internacional de las Luchas y los Derechos de las Mujeres, los colombianos están llamados a las urnas para elegir senadores, representantes y candidatos de tres consultas interpartidistas.
Avances y desafíos en participación femenina
Un dato significativo emerge en estas elecciones: la participación femenina en las listas muestra una tendencia sostenida al alza. Muchas colectividades superan ampliamente el 33% de cuota femenina exigido por la ley, lo que representa un avance importante en la representación política de las mujeres.
Sin embargo, persisten nubarrones preocupantes. En la vida interna de los partidos, el machismo sigue siendo una realidad difícil de erradicar. Mujeres de distintos sectores políticos coinciden en que su batalla continúa siendo doble: defender sus ideas mientras conquistan condiciones reales de igualdad frente a sus colegas hombres.
La transformación, aunque perceptible, aún debe reflejarse plenamente en cómo las lideresas políticas son vistas, valoradas y tratadas tanto dentro de las colectividades como en el Senado y la Cámara de Representantes. El camino recorrido es importante, pero queda mucho trecho por avanzar.
Amenazas múltiples contra el proceso electoral
Estas elecciones han estado marcadas por la amenaza de grupos violentos en zonas donde ejercen dominio o disputan territorios. La Defensoría del Pueblo, las Naciones Unidas, la Misión de Observación Electoral y el propio Gobierno han denunciado diversos hechos de hostigamiento.
Todas estas instancias coinciden en advertir sobre riesgos de seguridad en al menos 127 municipios, donde el accionar de grupos armados o la injerencia de factores ilícitos -como la compra de votos o el trasteo electoral- podrían interferir en el derecho fundamental de elegir y ser elegido.
Ataques presidenciales al sistema electoral
Pero la antesala de estos comicios no solo ha estado marcada por la amenaza de la corrupción y los grupos armados. Tristemente, y en una paradoja preocupante, también ha estado determinada por los ataques sistemáticos lanzados por el propio presidente de la República contra la organización electoral.
En una actitud francamente irresponsable, el presidente Gustavo Petro no se cansa de lanzar dardos contra la Registraduría, cuya idoneidad, transparencia y rigor han sido reconocidos repetidamente por las entidades observadoras. Sus señalamientos infundados y sus invitaciones incendiarias -la más reciente, a impugnar el preconteo- no contribuyen en nada a la serenidad que exige un momento decisivo para la democracia.
Peor aún, ha querido impartir órdenes, por fuera de su competencia, a los jurados para que diligencien el formulario E14 de manera contraria a la normativa electoral vigente y en clara contravía de las pautas que la Registraduría ha dado en las capacitaciones. Esta actitud carece de antecedentes en nuestra historia reciente y merece ser reprochada con toda contundencia.
La respuesta democrática: voto masivo y responsable
Frente al asedio de los violentos y frente a la desconfianza sembrada desde la propia Casa de Nariño, el único camino posible es el voto libre, responsable e informado. Y, sobre todo, masivo. Como ha ocurrido en otros momentos decisivos, las instituciones deberán cerrar filas para dejar claro que Colombia sigue siendo un Estado de derecho, con separación de poderes y con un sistema electoral robusto y confiable.
Al presidente le corresponde algo elemental: respetar los resultados y dejar de apostarle al caos hoy y en las próximas votaciones de primera y segunda vuelta presidencial. Ser garante de las elecciones y respetar las reglas del juego cuando no hay indicios de anomalías es una obligación democrática del jefe del Estado.
Cuando desde el Ejecutivo se siembra desconfianza en las reglas del juego electoral, lo que se pone en riesgo no es una entidad ni a un funcionario, sino el corazón mismo de la democracia. Y en ese terreno Colombia no puede permitir retrocesos.
Por lo que está en juego, por la institucionalidad democrática, por el futuro político y social de este país, los colombianos deben votar masivamente y se les debe garantizar y respetar ese derecho en paz y libertad.
