Colombia enfrenta una semana decisiva entre institucionalidad y populismo en elecciones
Semana decisiva: Colombia entre institucionalidad y populismo

Una semana crucial para el futuro político de Colombia

Mientras escribo estas líneas, no puedo evitar reflexionar que dentro de exactamente siete días estaremos siguiendo minuto a minuto la entrega de resultados de las elecciones legislativas y las consultas presidenciales. Nos encontramos a menos de una semana del inicio de la temporada electoral donde Colombia se juega literalmente todo su futuro inmediato y de mediano plazo.

Un panorama electoral preocupante

El escenario político actual dista mucho de ser alentador, y precisamente por esa razón es imperativo que todos los ciudadanos ejerzan su derecho al voto. En lugar de enfrascarse en discusiones interminables sobre cada nueva encuesta publicada, como algunos dirigentes y líderes de opinión insisten en hacer, ha llegado el momento de comprender que existe una tendencia clara y una realidad profundamente preocupante en la intención de voto actual.

Una porción significativa del electorado continúa respaldando al gobierno del presidente Gustavo Petro a pesar de la sucesión de escándalos y errores de gran magnitud que han marcado su administración. Ni el desfalco de la UNGRD, ni su insistencia en reescribir la Constitución según sus propios términos, ni la retórica cada vez más violenta del mandatario, ni la utilización de medios públicos como aparatos de propaganda parecen alejar a aproximadamente un 30% del electorado de las promesas originales del petrismo.

El peligroso espejismo del populismo

Esta situación no representa un fenómeno nuevo en nuestra historia política nacional. Muchos analistas ya lo advirtieron durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, y hoy resulta necesario reiterarlo con fuerza: el crecimiento en la popularidad de un gobernante no constituye en absoluto una señal de que se estén implementando políticas correctas o beneficiosas para el país.

El populismo ha demostrado conocer perfectamente la fórmula para cosechar aplausos inmediatos, y no existe novedad alguna en este patrón. Lo que resulta urgente dejar absolutamente claro antes de las elecciones legislativas es que la política nunca debe centrarse en la búsqueda de ovaciones o rechiflas momentáneas, sino en la defensa de principios fundamentales y la coherencia programática.

Aplaudir esta extensa lista de escándalos y crisis desatadas por el presidente Petro equivale a otorgarle un cheque en blanco a su partido político para que continúe haciendo con el país exactamente lo que se le antoje, sin controles ni contrapesos institucionales adecuados.

Las elecciones como plebiscito sobre el petrismo

En este sentido crucial, las elecciones al Congreso de la República funcionarán ante todo como una votación plebiscitaria alrededor de la aprobación o el rechazo contundente al gobierno petrista. Por esta razón fundamental, todas las mediciones de intención de voto para el Congreso –aun reconociendo la dificultad extrema de predecir una elección tan heterogénea y compleja como esta– señalan consistentemente que las dos principales fuerzas políticas serían el Pacto Histórico y el Centro Democrático.

Mientras tanto, decenas de proyectos políticos intermedios pierden fuerza progresiva y relevancia en el escenario nacional. Sin embargo, es precisamente en este punto donde debemos recordar otro elemento esencial antes de acudir a las urnas: más allá del simple antipetrismo, la oposición política debe consolidar urgentemente su unidad interna y demostrar capacidad real para sumar nuevos sectores sociales a su proyecto alternativo.

La paradoja de una oposición fragmentada

El problema central radica en que su candidato más opcionado actualmente representa exactamente todo lo contrario a estos principios de unidad y amplitud. Cuando el país necesita con mayor urgencia una oposición seria, capaz de sumar voluntades y representar genuinamente a todos los sectores que no se identifican con Petro y su gobierno divisivo, ocurre precisamente lo contrario: un sector amplio ha decidido apostarle al candidato más radical de toda la oposición disponible.

Este constituye uno de los errores estratégicos más graves cometidos desde algunos sectores críticos del petrismo, y que podría conducirnos peligrosamente a una segunda vuelta presidencial entre dos candidatos incapaces de plantear una propuesta de país inclusiva donde quepamos todos los colombianos.

La esperanza en la Gran Consulta por Colombia

Por esta razón fundamental, insisto en que todas las fuerzas democráticas y la esperanza ciudadana deben concentrarse en que la Gran Consulta por Colombia obtenga una votación extraordinariamente alta el próximo domingo, que ojalá supere ampliamente los dos millones de votos válidos. Personalmente, continúo debatiendo mi voto entre las opciones de Enrique Peñalosa y Sergio Fajardo, dos líderes serios con proyectos claros en sus mentes y a kilómetros de distancia de la moda actual de los discursos de resentimiento social y división política artificial.

La disyuntiva histórica: institucionalidad versus populismo

En estas elecciones trascendentales, Colombia se debate profundamente entre la defensa de la institucionalidad democrática y la seducción peligrosa del populismo inmediatista. Y nunca antes en mi vida como analista político había tenido tan claro mi voto personal: apoyaré decididamente a quienes no proponen una asamblea constituyente al estilo chavista, como ocurre actualmente desde el peronismo criollo, que representa la orilla más cercana al chavismo en el espectro político colombiano contemporáneo.

También resulta urgente reiterar que es completamente inaceptable la manera sistemática en que el gobierno Petro ha utilizado todo su poder estatal para promover dudas artificiales sobre la solidez de la institucionalidad electoral nacional. De esta oscura noche política solo podremos emerger colectivamente si todos los colombianos votamos masivamente, nos alejamos conscientemente de las trampas del radicalismo extremo y nos tomamos la democracia representativa con la seriedad que merece y exige.