La contradicción como nueva coherencia en la política colombiana
El actual proceso electoral confirma una realidad incómoda para el petrismo: su triunfo de 2022 representó a un país profundamente dividido, no a una nación unificada bajo un solo proyecto. Mientras el gobierno de Gustavo Petro ha gobernado obsesionado con el uribismo, culpando sistemáticamente a Álvaro Uribe e Iván Duque de todos sus fracasos, la oposición ha demostrado una capacidad de adaptación sorprendente.
El Centro Democrático: adaptación en tiempos de división
Hoy, el Centro Democrático se consolida como la principal fuerza de oposición y segunda bancada parlamentaria del país. Su participación en consultas interpartidistas, donde triunfó Paloma Valencia, muestra una evolución estratégica importante. Esta adaptación al país dividido los ha convertido en objetivo de ataques desde ambos extremos del espectro político.
No es la primera vez que este partido demuestra flexibilidad en sus procesos de selección de liderazgos. Miguel Uribe Turbay impulsó en Bogotá la elección abierta de candidatos a ediles en 2023, de donde surgieron figuras jóvenes e innovadoras que incluso arrebataron bastiones tradicionales como Chapinero a la Alianza Verde.
Los ataques contra la nueva coherencia
Los embates contra Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo provienen precisamente de ese sector del país que no ha cambiado. Se trata de una estrategia sumida en la contradicción y la paradoja, donde un sector afirma haber transformado la nación mientras otro dice representar valores fundacionales inmutables. En ambos casos, predomina un dogmatismo sordo y ciego frente a la Colombia real.
Lo que algunos llaman 'uribismo pura sangre' ni siquiera representa su propia historia compleja. Figuras como Everth Bustamante, exmilitante del M19, y Alfredo Rangel, crítico del Plan Patriota desde la Universidad de los Andes, integraron el Centro Democrático y formaron parte de sus bancadas parlamentarias.
La verdadera transformación política
La auténtica coherencia en este escenario la encarnan Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo. Cada uno reafirma su identidad política distintiva, pero demuestra disposición para trabajar en aquellos puntos donde encuentran acuerdo, unidos precisamente en sus diferencias. Esta aproximación contrasta marcadamente con la estrategia de Petro, quien ha ignorado sistemáticamente a todos los actores fuera de su círculo inmediato.
El frenesí digital del presidente contra estas figuras no es casual. Valencia y Oviedo representan la prueba tangible de que las promesas del 19 de junio de 2022 fueron en gran medida ilusorias, y que los resultados electorales posteriores mortifican y generan pánico en el actual gobierno. Su capacidad para navegar las contradicciones del país dividido los convierte en el símbolo de una nueva forma de hacer política en Colombia.
