Influenciadores políticos: ¿Héroes o mercenarios en las redes sociales?
Influenciadores políticos: ¿Héroes o mercenarios en redes?

El giro mercantil de los influenciadores en época electoral

La proximidad de los comicios altera significativamente el ritmo habitual de las actividades sociales y mediáticas. Se experimenta un bombardeo apabullante de contenidos de toda índole que buscan persuadir a los votantes para que apoyen a los diferentes candidatos. La publicidad política ha migrado considerablemente, trascendiendo las vallas publicitarias y los anuncios en medios tradicionales, para establecerse con fuerza en las redes sociales.

La nueva vitrina digital y el auge de los comunicadores

En este renovado escenario digital ha irrumpido con potencia la modalidad de los influenciadores. Estos actores se han consolidado como comunicadores altamente eficaces, impulsados desde hace tiempo por la libertad casi total que permiten las plataformas sociales. Después de establecerse individualmente como excelentes conectores con multitudes, hoy han sido reclutados activamente por las diversas campañas políticas.

Su enfoque es atrevido, desafiando las maneras convencionales de siempre, incorporando elementos de humor e incluso utilizando lenguaje coloquial y directo. De esta manera han conquistado porciones importantes de las audiencias digitales, lo que ha llevado a los estrategas de las cruzadas políticas a fijarse en ellos y convertirlos en propagandistas asalariados.

La lógica del mercado y la transformación del oficio

Se trata, evidentemente, de la lógica del mercado en acción. Sin embargo, aquellos comunicadores que habían trabajado durante largos años para atraer públicos con desfachatez y autenticidad, hoy han mostrado su verdadero rostro al poner su tiempo y sus habilidades al servicio del mejor postor. En el contexto actual, todo parece vendible y comprable.

Surge entonces una pregunta inevitable: ¿cuál será el futuro de estos influenciadores, una vez que sus seguidores adviertan el cambio que han realizado, intercambiando su elocuencia y humor genuino por unas monedas pasajeras?

El valor de un trabajo de comunicación sostenido y perfeccionado durante años no puede tasarse adecuadamente en un salario efímero. La conquista de las redes sociales ha implicado:

  • Conocimiento profundo de las audiencias
  • Especialización del lenguaje digital
  • Inmediatez en las respuestas
  • Manejo fino del humor popular

La traición percibida y la crisis de confianza

Esta habilidad se enfrenta a un medio de comunicación relativamente reciente. Los influenciadores son conquistadores de un territorio que no lleva mucho tiempo de haber sido descubierto, actuando como una especie de Cristóbal Colón frente a tierras digitales desconocidas. No solo han sometido esta nueva comarca, sino que lograron vincularse genuinamente con el ánimo de sus habitantes.

Esta labor no admite en sus fueros a los mercenarios. Venderse por unas monedas significa engañar a quienes han sido su público y los han sostenido otorgándoles una asiduidad que los comunicadores de la vieja guardia habrían deseado. Cuando sus seguidores pasan a ser considerados meramente como clientela, un sabor agrio se mezcla con la percepción de esos admiradores.

Se sienten estafados, manipulados desde hace buen tiempo. Aquel amigo digital que los comprendía y los hacía reír resulta ser, en última instancia, un oportunista. Esta sensación se intensifica cuando son conscientes de que hoy pretende venderles algo específico. Ahora no son comunicadores auténticos, sino mercaderes que se pasean en las redes abrazados con los propietarios de las mercancías políticas.

Los héroes que resisten la tentación

Entre vendedores y clientes no puede existir ese buen humor ni esa camaradería estable y sincera que caracterizaba la relación inicial. Por esta razón, los influenciadores que no han cedido a estas presiones se convierten en héroes contemporáneos que han respetado la índole desinteresada de su oficio.

Gracias a ellos, a los sobrevivientes éticos, a los influenciadores que mantienen su independencia y no se venden al mejor postor, esta actividad conserva su garra auténtica y su credibilidad fundamental. Su resistencia representa un faro de integridad en un panorama digital cada vez más comercializado y politizado.