El odio como estrategia política: cómo el marketing del desprecio amenaza la democracia colombiana
El odio como estrategia política amenaza la democracia colombiana

El odio como instrumento de marketing político: una amenaza para la democracia colombiana

En el panorama político actual colombiano, se observa con preocupación cómo el odio se ha convertido en una herramienta recurrente dentro de las estrategias de marketing electoral. Frente a candidaturas sólidas de izquierda que parecen regodearse observando cómo algunos seguidores destrozan a candidatos de centro, se utiliza el desprecio para descalificarlos mediante argumentos livianos sobre género, inoperancia partidista o radicalización hacia los extremos.

Las lecciones del pasado que no aprendemos

Raúl del Pozo, el emblemático columnista y escritor español recientemente fallecido, comprendía el odio de quienes vivieron el horror de la guerra civil española, pero consideraba inaceptable que los nuevos políticos pretendieran reciclar ese sentimiento como fuente de marketing político. En Colombia, las lecciones históricas parecen no haber calado: la división de los partidos de centroderecha nunca ha generado nuevos votantes suficientes para alcanzar el triunfo, y sin embargo, en cada proceso electoral se repiten los mismos errores que conducen al fracaso.

Esta situación ocurre frente a electores desconcertados que terminan engrosando las filas de la abstención, que supera el 50%, o lo que es peor, frustrados por no poder cambiar el populismo destructor del gobierno actual, repitiendo así el suicidio político del 2022.

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Casos concretos: Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo

El fenómeno se manifiesta claramente en la candidatura de Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo. A estos políticos les bastó ser escogidos mediante un proceso ordenado y civilizado conocido como La Gran Consulta para ser maltratados en su honra y derechos, atacando su condición de mujer y homosexual respectivamente, presentándolos como lo peor de la condición humana. Estos ataques son alimentados por redes de sospechosa procedencia y cuantiosos recursos económicos.

Sin embargo, ambos candidatos cuentan con trayectorias destacables:

  • Paloma Valencia logró concertar la Ley de Emprendimiento para Asociaciones y Microempresarios, denominada Escalera por la Formalización. Esta iniciativa responde al anhelo histórico de fortalecer actividades productivas incipientes para que, paso a paso, den el salto a la formalización. La candidata demostró valentía para defender esta ley y capacidad conciliadora para obtener apoyo casi unánime en el Congreso.
  • Juan Daniel Oviedo, durante su dirección del DANE, ejerció con total eficiencia y transparencia, aportando su conocimiento y calidad de líder reconocida incluso a nivel internacional. Consolidó un sistema estadístico sin precedentes que permite leer claramente tendencias y percepciones de los colombianos para construir políticas públicas efectivas.

Reflexiones necesarias para el futuro político

Surgen entonces preguntas cruciales: ¿por qué se ridiculiza a quienes buscan la concertación entre contrarios en lugar del odio que tanto daño ha causado? ¿Por qué no seguir el ejemplo democrático que dieron al someterse a un proceso entre nueve personas jóvenes e inteligentes?

La torpeza y miopía política que nos lleva al despeñadero podría superarse esta vez si los votantes deciden apoyar candidatos sin dejarse arrastrar por el odio que intentan sembrar. La democracia colombiana enfrenta un momento decisivo donde debe prevalecer el debate de ideas sobre la descalificación personal, la construcción sobre la destrucción, y la esperanza sobre el rencor.

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