La fragilidad democrática en Colombia: un sistema dominado por caudillos
En vísperas de un nuevo proceso electoral, Colombia enfrenta una realidad preocupante: una democracia coja que funciona más como un remedo que como un sistema genuino de representación ciudadana. La legitimidad se reduce a simples votos que avalan una farsa institucionalizada, donde los mecanismos de participación pierden su esencia frente a intereses particulares y estructuras de poder enquistadas.
El Senado: una farsa de representación nacional
La magnitud del problema se evidencia al analizar las cifras: con 3.231 candidatos compitiendo por curules en el Senado de la República, la gran mayoría de estos legisladores terminan siendo elegidos gracias a pequeñas maquinarias políticas regionales. Estas estructuras se aceitan sistemáticamente con contratos estatales y prácticas corruptas una vez que sus operadores ocupan sus posiciones en el Capitolio Nacional.
¿Existen excepciones a esta triste realidad? En teoría, los partidos con listas cerradas como el Pacto Histórico y el Centro Democrático deberían funcionar como bloques cohesionados con propósitos comunes. Sin embargo, la práctica dista mucho de este ideal democrático.
El caudillismo como modelo político predominante
Los únicos liderazgos verdaderamente nacionales que existen hoy en Colombia son los encarnados por el expresidente Álvaro Uribe Vélez y el presidente Gustavo Petro. Aunque ambos surgieron de movimientos políticos hoy prácticamente desaparecidos -el M-19 y el Partido Liberal respectivamente-, cada uno ha construido su propio "rancho aparte" donde se ejerce un poder vertical e incuestionable.
"Aquí lo que hay son unos partidos caudillistas que sin ellos no existirían", señala el análisis. Esta afirmación resume la esencia del problema: no habría Centro Democrático sin Uribe, así como no existiría el Pacto Histórico sin Petro. La dependencia es total y absoluta.
La estructura del poder legislativo
Las encuestas revelan que aproximadamente el 30% de los colombianos votantes sigue a cada uno de estos caudillos. Esta realidad configura un Congreso compuesto por:
- Dos grandes bloques dirigidos por Uribe y Petro
- Una miríada de pequeños caciques regionales que, aunque cuentan con aval partidista por exigencia legal, operan como feudos personales
- Estructuras que manejan presupuestos y asignaciones regionales, frecuentemente enriqueciéndose en el proceso
Esta composición dista enormemente de una democracia sólida, donde los elegidos responden a electorados claramente definidos con visiones de país coherentes.
La presidencia: el teatro del poder
En el escenario presidencial, la situación se repite con variaciones mínimas. De más de 20 candidatos registrados, solo dos importan realmente: el designado por Petro y el designado por Uribe. El patrón histórico es revelador:
- Álvaro Uribe Vélez gobernó durante 8 años
- Juan Manuel Santos ocupó la presidencia por 8 años (aunque posteriormente fue percibido como "traidor" por el uribismo)
- Iván Duque Márquez completó 4 años de mandato
En total, 20 años de presidencias determinadas por la voluntad de Uribe, hasta que emergió Petro como contrapoder. Ahora, el mandatario actual busca prolongar su influencia a través de figuras como Cepeda o Roy Barreras, manteniendo el mismo esquema caudillista.
La paradoja de los candidatos sin futuro
Un fenómeno que intriga a los analistas es la proliferación de candidaturas presidenciales sin posibilidades reales de éxito. ¿Por qué decenas de figuras políticas se lanzan a una contienda donde su único mérito es haber ocupado cargos públicos como ministros o jefes departamentales?
Las posibles explicaciones incluyen:
- Incentivos económicos: cualquier candidato que supere los 200.000 votos tiene derecho a recibir importantes sumas en reposición de gastos de campaña
- Motivaciones de ego personal
- Búsqueda de visibilidad política para futuras contiendas
Mientras tanto, el verdadero poder de decisión sigue concentrado en dos figuras que, aunque aún no han revelado públicamente sus apuestas, ya generan expectativas en todo el espectro político. Cuando Uribe y Petro finalmente anuncien sus respaldos, los colombianos sabrán entre qué opciones podrán "escoger" en esta democracia coja que más parece un teatro bien orquestado que un genuino ejercicio de soberanía popular.