El ingenioso mecanismo democrático colombiano
Como dominicano radicado en Cali, existen ejercicios democráticos colombianos que despiertan mi particular admiración por su ingenio institucional. Este domingo representa uno de esos momentos emblemáticos. Colombia celebra simultáneamente sus elecciones legislativas y una serie de consultas presidenciales -dos procesos distintos que avanzan en paralelo, cada uno con su propio tarjetón electoral- que juntos revelan algo que pocas democracias del continente han institucionalizado con tanta claridad y transparencia.
El riesgo del general sin tropas
En la República Dominicana, los partidos típicamente seleccionan candidatos hacia su interior, con algunos casos -que han llegado a ser controversiales- donde se permite a no miembros del partido votar en elecciones internas. En Estados Unidos, el sistema varía considerablemente: algunos estados mantienen primarias cerradas, otros implementan primarias abiertas. En ambos escenarios, las maquinarias partidistas votan según sus dinámicas internas. Resulta electo el más popular dentro de la organización -no necesariamente el más aceptado en la sociedad general.
El riesgo, siempre presente en estos sistemas, es terminar con un General sin tropas: alguien que ganó la interna partidista, pero carece de ejército real en la sociedad. Un líder que puede movilizar a su organización pero no convoca al electorado amplio, generando una peligrosa desconexión entre la voluntad partidista y la aceptación ciudadana.
La solución colombiana: consultas con votos reales
Colombia encontró un mecanismo brillante para evitar exactamente ese escenario problemático. Las consultas de hoy -la Gran Consulta, la Consulta del Pacto por la Vida, la Consulta de las Soluciones, entre otras- no son las elecciones presidenciales. Constituyen el tamiz previo fundamental: con base en sus resultados concretos y medibles, los partidos decidirán racionalmente quién echa el pleito definitivo el 31 de mayo.
Estas consultas funcionan como herramientas precisas para contar votos reales, medir fuerzas reales en el terreno electoral, y proporcionar a los partidos datos concretos y verificables sobre la aceptación social de sus figuras políticas antes de comprometerse irreversiblemente con una candidatura presidencial. El 8 de marzo conoceremos definitivamente quiénes son los Generales sin tropas -y quiénes poseen ejércitos reales con capacidad de movilización ciudadana. Estaremos muy atentos a esos resultados reveladores.
La importancia paralela del Congreso
Pero también debemos mantener nuestra atención enfocada en las elecciones legislativas. Pasé seis años completos como asesor y director de gabinete de un senador dominicano, y otros tantos años asesorando una comisión legislativa especializada. Viví de primera mano que el legislador es efectivamente el cacique político de su territorio –sí- pero su función principal no se reduce a la politiquería local. Es esencialmente la representación ciudadana institucionalizada.
Es el poder de los chelitos presupuestales: quien aprueba el presupuesto nacional, quien fiscaliza rigurosamente su ejecución y quien ejerce control político constante sobre el ejecutivo de turno. Un legislador efectivo y comprometido puede transformar profundamente una región completa. Y una bancada del Valle del Cauca que actúe como bloque unido y cohesionado -sin distinciones mezquinas de bandera política partidista- tiene el poder concreto de mover recursos, proyectos estratégicos e iniciativas legislativas que impacten directamente la vida diaria de los caleños y de las empresas vallecaucanas.
El poder colectivo de esa bancada regional, cuando se ejerce con cohesión programática y coherencia estratégica, es considerablemente mayor que la simple suma matemática de sus partes individuales. La sinergia legislativa genera resultados multiplicadores para el desarrollo territorial.
La pregunta fundamental del votante consciente
La pregunta que debemos hacernos hoy no es solamente por quién votar mecánicamente. Es para qué propósito esencial se está votando. ¿Votamos por quien simplemente luce bien en la foto o tiene carisma mediático? ¿O votamos estratégicamente para quien trabajará diligentemente por los intereses del Valle del Cauca en Bogotá?
Este domingo histórico, los colombianos tienen en sus manos algo que muchos pueblos del mundo envidian legítimamente: la posibilidad concreta de expresar en paz, con su voto consciente y reflexivo, quién merece realmente representarlos. Su voz ciudadana. Su pacto Lockeano fundamental con la sociedad democrática. Que nadie vote por simple inercia o costumbre acrítica.
