Colombia ante el precipicio electoral: el riesgo del radicalismo en las urnas de 2026
Colombia ante el precipicio electoral: riesgo del radicalismo en 2026

Colombia ante el precipicio electoral: el riesgo del radicalismo en las urnas de 2026

El panorama que proyectan las encuestas para las elecciones presidenciales de este año configura una verdadera pesadilla democrática. El destino del país parece encaminarse hacia las manos de uno de los dos radicales que actualmente encabezan las preferencias de voto, dejando en suspense hacia qué lado se inclinará finalmente la balanza del poder nacional.

La persistencia del extremismo en la voluntad popular

Los colombianos no hemos comprendido que, si aspiramos a construir una nación reconciliada, el primer requisito fundamental es no delegar el poder a los dirigentes más extremistas. O quizás, de manera más preocupante, muchos sí lo han entendido perfectamente y precisamente por eso insisten en buscar elegir desde la izquierda o la derecha a un gobernante tan radical como el que actualmente ocupa la presidencia: porque reconciliar el país está lejos de parecerles una prioridad genuina.

Resulta imposible explicar racionalmente que, entre más de veinte precandidatos y candidatos, algunos de ellos notablemente preparados y capaces de ofrecer propuestas sensatas, el país privilegie con la máxima intención de voto precisamente a las dos opciones más extremistas y cargadas de riesgo inherente. Mientras el equipo más amplio y representativo de opositores al gobierno Petro se organiza en una consulta que abarca miradas diversas como las de Mauricio Cárdenas y Paloma Valencia, los electores de derecha parecen preferir apostar por discursos mucho más viscerales y divisivos.

Un patrón histórico de malas decisiones

La realidad colombiana sería radicalmente distinta de no haber sido por tantas malas decisiones electorales que insistimos en repetir hasta el cansancio histórico. No es la primera vez que los colombianos avanzamos con entusiasmo hacia un destino de pesadillas definido por el extremismo ideológico y utopías tan excluyentes que medio país no alcanza a caber en ellas.

Así como ocurrió hace cuatro años, cuando la visión de rivalidad y provocación del presidente Petro triunfó en las urnas, generaciones mucho más remotas presenciaron el triunfo de dirigentes tan divisivos como Miguel Antonio Caro y Laureano Gómez. En nuestra nación de guerras civiles y constituciones escritas por liberales y conservadores, las malas decisiones electorales que trajeron como resultado años de frustración y errores abismales se han repetido con alarmante frecuencia.

Lo particularmente grave de la actual coyuntura es que nunca antes el péndulo ideológico se había abierto de una forma semejante a la que predicen las encuestas para 2026, oscilando entre alternativas de izquierda y derecha tan radicales y antagónicas que amenazan con profundizar las divisiones nacionales.

Los presidentes que no fueron

La única manera de comprender plenamente la coyuntura que vive el país está en dirigir una mirada retrospectiva al pasado y leer atentamente la lista de quienes no llegaron a ser presidentes. La paradoja más grande de la política colombiana –y la explicación de muchos de sus principales problemas como nación– reside precisamente en que algunos de sus dirigentes más destacados nunca alcanzaron la primera magistratura.

Otros, en cambio, llegaron al cargo como si se tratara de un simple golpe de suerte histórica. La construcción de la nación colombiana ha estado repleta de nombres de grandes líderes que nunca llegaron a dirigirla y que quizás hubieran tomado decisiones capaces de cambiar sustancialmente el destino del país. De hecho, la lista de los dirigentes que estuvieron cerca de la presidencia parece ser cualitativamente superior a los que sí ocuparon efectivamente el cargo.

Se destacan liderazgos tan notables como los de Darío Echandía, Gabriel Turbay, Álvaro Gómez y Luis Carlos Galán, quienes estuvieron extraordinariamente cerca de ocupar la presidencia. En lugar de ellos, en muchos casos históricos llegaron gobiernos que dejaron mucho que desear y una situación nacional más crítica que la que originalmente encontraron al asumir el poder.

Lecciones recientes no aprendidas

Para hablar de tiempos más recientes, en las elecciones de 2018, el país prefirió elegir la propuesta menos experta de todas, que lideraba Iván Duque en representación del bando que se opuso frontalmente al acuerdo de paz de La Habana. En ese momento crucial, el país contaba con candidaturas tan sólidas e infinitamente mejores, como la de Germán Vargas Lleras con Juan Carlos Pinzón a la vicepresidencia y la de Sergio Fajardo en equipo con Claudia López.

Aunque es extenso el recuento de las catástrofes electorales que distintas generaciones de nuestra ciudadanía han causado dentro del marco democrático, ver al país acercarse nuevamente al precipicio político resulta más aterrador que nunca. La Gran Consulta por Colombia representa una extraordinaria oportunidad que tenemos para no caer en la peligrosa moda del radicalismo como respuesta automática al mal gobierno que ha liderado Petro.

Esperemos que esta iniciativa, que ha conseguido reunir a sectores tan amplios de la oposición al actual gobierno, sea suficiente para impulsar agendas claras en su crítica constructiva sin olvidar el apego esencial a los valores fundamentales de la democracia colombiana. El futuro nacional depende de nuestra capacidad colectiva para romper este ciclo histórico de malas decisiones electorales repetidas.