Migrante = Humillante: La Nueva Discriminación por Nacionalidad que Divide al Mundo
Migrante = Humillante: La Discriminación por Nacionalidad

Migrante = Humillante: La Nueva Discriminación por Nacionalidad que Divide al Mundo

En el aeropuerto de El Prat, en Barcelona, un letrero recibe a los viajeros con una división clara: "ciudadanos de terceros países". Esta demarcación, que separa a europeos, estadounidenses y canadienses del resto, marca desde el primer momento una jerarquía humillante que permea toda la experiencia migratoria.

La Discriminación Institucionalizada

La segregación no se limita a los puntos de entrada. En espacios oficiales como aeropuertos, colegios y universidades, la discriminación hacia los migrantes se manifiesta de manera sistemática. El término "de tercera", en el argot latinoamericano, denota algo despreciable, carente de valor o importancia. Recibir a turistas y residentes con este mensaje institucionalizado contradice cualquier discurso de inclusión.

En el ámbito educativo, los profesores frecuentemente estigmatizan a estudiantes sudamericanos, catalogándolos como agresivos, conflictivos o insoportables sin mediar investigación alguna. Un caso emblemático involucra a un adolescente cuya profesora lo condenó inmediatamente basándose únicamente en la queja del agredido, sin permitirle siquiera presentar su versión de los hechos. La presunción de culpabilidad por origen latino se impuso sobre cualquier proceso de justicia.

Nacionalidad: El Nuevo Estigma

A nivel universitario, la molestia persiste cuando individuos del llamado "tercer mundo" demuestran ideas brillantes o creativas. La paradoja contemporánea revela que la nacionalidad se ha convertido en ventaja o discriminación, desplazando incluso al color de piel o la ideología como factores de exclusión. Ahora es tu país de origen el que te marca con un letrero invisible que te clasifica como ciudadano "importante" o individuo de "tercera" categoría.

El desarrollo tecnológico y científico avanza a pasos agigantados, con más educación, información y conocimiento disponible que nunca en la historia humana. Sin embargo, esta evolución no se traduce en mejores relaciones humanas. La humanidad parece incapaz de aprender a tratarse de igual a igual, perpetuando la idea ficticia de razas superiores e inferiores basadas ahora en elementos externos como la nacionalidad.

La Provocación como Herramienta de Poder

La provocación se ha convertido en una forma de desafiar y "medir" poder, donde cada vez más se estila "mostrar" cuánto control ejerces sobre tu entorno y cómo te sitúas por encima de los demás. Esta dinámica impacta especialmente en la migración, donde la marca del desarraigo difícilmente se borra. El desarraigo representa una herida profunda en la historia personal y familiar del migrante, que ya no se evalúa por la dimensión de sus aportes a la nueva comunidad, sino por sus defectos percibidos.

El migrante es, por definición, un desarraigado: alguien que "ya no es" de ningún lugar específico. La paradoja se intensifica cuando países que se vanagloriaron de sus logros y los "vendieron" como magníficos ahora se resisten a compartirlos. El migrante se transforma así en un ciudadano indeseable o de tercera clase, necesario solo como fuerza laboral barata, donde la humillación marca sus nuevas relaciones en su país de acogida.

La Nueva Esclavitud Sin Cadenas

La nueva esclavitud no se vive con cadenas físicas, sino mediante el control de la autonomía de pensamiento, nacionalidad o criterio personal. No tendrás derecho a ser diferente porque esa diferencia agrede a los poderosos, a tus "dueños" simbólicos en la nueva sociedad. La migración representa un problema universal que parece no tener solución a la vista, con secuelas emocionales inmensas que afectan a millones.

La humanidad parece especializarse en acumular rabias y resentimientos que tarde o temprano se convertirán en facturas por cobrar, heredadas a hijos y nietos. Simultáneamente, no existe un liderazgo político genuinamente empeñado en construir calidad de vida ni en mostrar formas alternativas de convivencia. El enfoque se centra únicamente en el progreso material y el mundo externo, mientras el interior humano se debilita, enferma y sumerge en problemas psicológicos que constituyen una nueva pandemia silenciosa.

La pregunta final resuena con urgencia: ¿necesitaremos entonces otro Cristo? Una figura que redima no solo almas individuales, sino las relaciones rotas entre naciones y culturas. La migración contemporánea expone las fallas estructurales de una humanidad que, pese a sus avances técnicos, sigue tropezando con los mismos prejuicios ancestrales, ahora disfrazados con nuevos criterios de exclusión.