La trayectoria de un forense comprometido con la verdad
Luis Fondebrider, antropólogo forense argentino, inició su camino hace 42 años en un contexto de transición democrática en Argentina. En 1984, cuando se restableció la democracia, surgió información sobre personas desaparecidas enterradas como NN en cementerios de todo el país. La justicia ordenó exhumaciones que fueron realizadas por sepultureros con médicos forenses oficiales, destruyendo cuerpos sin cuidado durante dos meses.
El origen del Equipo Argentino de Antropología Forense
Las Abuelas de Plaza de Mayo, tras buscar métodos para identificar a sus nietos desaparecidos, contactaron a la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia. Esta organización envió una delegación de forenses a Argentina, incluyendo al antropólogo Clyde Snow, quien realizó la primera exhumación con ayuda de estudiantes argentinos. Fondebrider y sus compañeros trabajaron con Snow durante dos años hasta que, en 1987, crearon legalmente el Equipo Argentino de Antropología Forense.
El equipo comenzó con siete personas y para 2021, cuando Fondebrider se retiró, contaba con 70 profesionales y oficinas en Estados Unidos, Argentina, Sudáfrica, México y España. Han trabajado en 65 países a solicitud de tribunales internacionales, Cruz Roja y Naciones Unidas, siendo el primer equipo de su tipo en el mundo.
Un modelo multidisciplinario único
Desarrollaron un modelo que integra investigación clásica con un equipo multidisciplinario de 11 disciplinas científicas, incluyendo médicos, antropólogos, arqueólogos, odontólogos, geógrafos, físicos, matemáticos y arquitectos. Fondebrider fue presidente durante 20 de los 37 años que trabajó en el equipo. En 2021, la Cruz Roja Internacional le ofreció dirigir la unidad forense en Ginebra, cargo que ocupó dos años antes de renunciar en diciembre de 2022 y trasladarse a España como consultor independiente.
La motivación: necesidad social sobre elección académica
Fondebrider no decidió ser antropólogo forense por la academia, sino por la necesidad del país. "Los familiares estaban desesperados, no tenían respuesta del Estado", recuerda. Como joven estudiante politizado durante los últimos años de la dictadura argentina, vio en las exhumaciones una oportunidad concreta para ayudar. Con el apoyo de organismos de derechos humanos y algunos jueces, comenzaron a aprender habilidades no enseñadas en la universidad, como notificar a familiares o estructurar proyectos de trabajo.
Expansión internacional y filosofía de trabajo
En 1986 fueron invitados a Filipinas, marcando su primera salida internacional. Luego trabajaron en Chile (1989), ex Yugoslavia (1992) e Irak, entre otros países. El equipo nunca hizo lobby, siempre fueron contactados, y priorizaron formar profesionales locales para no crear dependencia. Fondebrider tenía 19 años cuando comenzó; sus compañeros tenían entre 22 y 24 años. Antes, soñaba con ser futbolista, habiendo jugado en la quinta división de Boca Juniors hasta que su padre le pidió elegir entre estudiar o jugar.
Experiencias que marcaron su carrera
Dos casos le impactaron profundamente: la masacre de El Mozote en El Salvador (1992), donde exhumaron 152 cuerpos de niños, y su primera fosa en Bosnia con 250 cuerpos. "Ver los juguetes de los niños, los chupetes, fue muy fuerte", confiesa. Aunque nunca se acostumbra, encuentra satisfacción en mitigar la angustia de las familias, devolviendo la posibilidad de tener un lugar donde llevar una flor.
Mantenimiento de la sensibilidad y vida personal
Para mantener la sensibilidad, Fondebrider destaca el trabajo en equipo y realizar actividades fuera del trabajo. "Esta es una opción de vida que tomé hace 42 años, pero no mucho más", afirma. Argentina, siendo una sociedad psicoanalizada, no ha necesitado terapia. Fuera del trabajo, lee, escucha música, va al cine y ve fútbol, manteniendo una desconexión saludable.
Impacto político y memoria colectiva
Argentina ha consolidado la memoria a través del arte, cine, libros, esculturas y educación, siendo un referente mundial. El trabajo forense aporta pruebas contundentes en juicios, colaborando con la justicia y previniendo el olvido. Fondebrider enfatiza que "una foto de un cráneo con un orificio de bala vale más que mil palabras", combatiendo el negacionismo con datos concretos.
Perspectiva sobre Colombia y casos emblemáticos
Considera que Colombia ha invertido significativamente en mecanismos de búsqueda, destacando la Unidad de Búsqueda como modelo mundial con 550 funcionarios y más de 100 forenses. Sin embargo, critica que la justicia colombiana permite impunidad, ya que "nunca escuché en 42 años a un familiar que me diga: 'Me quiero reconciliar con el asesino de mi familia'". Aboga por políticas estatales permanentes, ya que para los familiares el tiempo se detiene hasta saber la verdad.
Participó en la identificación del Che Guevara en 1995, determinando que Salvador Allende se suicidó en 2011, y analizó el controvertido caso de Pablo Neruda. Recientemente, asesoró en la identificación del padre Camilo Torres en Colombia, elogiando la investigación como "impecable y bien llevada".
Desafíos y reflexiones finales
Reconoce que no todos los desaparecidos serán encontrados, especialmente cuando los cuerpos fueron destruidos. En casos como La Escombrera en Colombia, la complejidad técnica y los costos limitan las búsquedas. "Solamente 14 países del mundo tienen proyectos a largo plazo de búsqueda de desaparecidos", señalando la falta de voluntad política global.
La movilización social es crucial, como demostró Argentina cuando medio millón de personas protestaron contra la reducción de penas a militares. Fondebrider concluye que buscar desaparecidos es esencial para evitar impunidad y repetición de crímenes. A sus 61 años, reflexiona: "He devuelto historia. Trabajo en la microhistoria, que al final del día es la historia de un pueblo". La fuerza de los familiares, especialmente de las mujeres, mantiene su esperanza después de cuatro décadas de trabajo.