Acoso sexual y laboral en medios: más de 260 testimonios revelan un patrón sistemático en Colombia
Acoso sexual y laboral en medios: 260 testimonios revelan patrón sistemático

Durante años, muchas historias al interior de las salas de redacción circularon en voz baja: advertencias entre colegas, silencios incómodos en las redacciones, renuncias que nunca se explicaban del todo. Hoy, más de 260 testimonios reunidos por el movimiento “Yo Te Creo Colega” convierten esas experiencias dispersas en un relato colectivo que señala un problema estructural: el acoso sexual y laboral en los medios de comunicación en Colombia.

El informe, liderado por las periodistas Juanita Gómez, Paula Bolívar, Laura Palomino, Catalina Botero y Mónica Rodríguez, recoge denuncias de periodistas, practicantes y trabajadoras de medios que evidencian un patrón sistemático de abuso de poder. Los casos abarcan más de dos décadas y se intensificaron tras las denuncias públicas que sacudieron a la redacción de Noticias Caracol, en lo que varias voces ya identifican como una nueva ola del “Me Too” en el país. Lejos de ser hechos aislados, el documento describe una “cultura repetida”.

El 80 % de los testimonios proviene de televisión, el 15% de medios impresos y el 5% de radio y plataformas digitales. En todos ellos se repiten dinámicas similares: acercamientos que comienzan como reconocimiento profesional: “eres talentosa”, “tienes futuro”, y que progresivamente se transforman en comentarios sobre la apariencia, insinuaciones, preguntas íntimas e invitaciones que desdibujan los límites entre lo laboral y lo personal.

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Los señalados ocupan, en la mayoría de los casos, cargos de decisión: directores, jefes de emisión, coordinadores, presentadores, con influencia directa sobre la contratación, la asignación de turnos o la visibilidad al aire. Las denunciantes, en su mayoría, son mujeres en etapas iniciales o intermedias de su carrera: practicantes, recién graduadas, reporteras, productoras o asistentes. El informe también recoge, en menor proporción, testimonios de hombres y personas LGBTIQ+.

Patrones de violencia que se repiten

El informe encontró entre los testimonios la creencia de que ese tipo de comportamientos hacía parte del oficio. “Pensé que era normal”, “sentí que mi carrera dependía de lo que aceptara o no”, relataron algunas de las voces recogidas en el documento. El informe identifica un patrón que se repite con variaciones: primero, el acercamiento progresivo bajo promesas laborales; luego, la sexualización del vínculo; más adelante, la coerción. Cuando aparece la negativa, emergen formas de castigo: sobrecarga de trabajo, humillaciones, trato degradante o bloqueo profesional. El ciclo suele cerrarse con el silenciamiento institucional.

En ese punto, las fallas de los medios se vuelven visibles. Las denunciantes hablan de ausencia de canales claros o de mecanismos que no funcionan, de áreas de recursos humanos que minimizan los hechos, de escenarios en los que víctimas y agresores son enfrentados en igualdad de condiciones, y de advertencias explícitas o implícitas sobre las consecuencias de denunciar: perder el empleo, cerrar puertas, afectar la reputación. Incluso cuando hay respuesta institucional, esta suele estar atravesada por la revictimización o por medidas que no garantizan justicia. En muchos casos, las consecuencias recaen sobre las víctimas: renuncias forzadas, desplazamientos internos o el abandono definitivo del periodismo.

Las huellas no son solo profesionales. Los testimonios dan cuenta de ansiedad constante, estrés postraumático y desgaste emocional prolongado. Algunos relatos ilustran esa experiencia. La periodista Juanita Gómez narra un episodio ocurrido en 2015 durante un cubrimiento internacional, cuando un presentador intentó besarla sin su consentimiento en un ascensor. Durante años, dice, lo interpretó como algo que “hacía parte del oficio”. Por su parte, la periodista deportiva Lina Tobón relata un beso forzado cuando tenía 17 años y, tiempo después, tocamientos no consentidos por parte de un colega de mayor jerarquía. Tras rechazarlo, afirma, comenzó un proceso de acoso laboral que terminó en su renuncia.

Este panorama coincide con diagnósticos previos. En 2021, un informe de la Fundación Karisma, la Red de Periodistas con Visión de Género y Colnodo señaló que el 67 % de las mujeres periodistas en Colombia ha sufrido acoso sexual en el ejercicio de su trabajo.

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Los hallazgos del Ministerio de Trabajo

A los testimonios se suman ahora datos institucionales. El Ministerio de Trabajo documentó al menos 200 casos de acoso tras inspecciones realizadas entre marzo y abril en seis medios: 142 corresponden a acoso laboral y 58 a acoso sexual. Las visitas incluyeron a Caracol Televisión, RCN Televisión, RTVC Sistema de Medios Públicos, Canal Capital, Canal 13 y Red+ Noticias. Como parte del proceso, se instalaron códigos QR para facilitar denuncias anónimas, lo que permitió identificar situaciones que no habían sido tramitadas por canales internos.

Caracol concentra el mayor número de reportes, con 78 casos (64 laborales y 14 sexuales), seguido por RCN con 52 (39 laborales y 13 sexuales). Red+ registra 24 casos, RTVC 20, Canal Capital 16 y Canal 13 suma 10. El Ministerio advierte un “patrón reiterado de violencia o acoso” y señala que, aunque existen protocolos, estos no funcionan adecuadamente para prevenir o sancionar. Entre las fallas identificadas están la clasificación de hechos de violencia sexual como conflictos de convivencia, el cierre de casos mediante acuerdos o disculpas que no sustituyen investigaciones formales, y la falta de trazabilidad en las denuncias.

También alerta sobre un subregistro significativo: muchas víctimas no acuden a canales formales por miedo a represalias o desconfianza institucional. En algunos casos, incluso, las medidas adoptadas terminan trasladando el problema a quienes denuncian.

Las voceras de “Yo Te Creo Colega” insisten en que la visibilización de estos casos no reemplaza las denuncias legales, sino que busca documentar una realidad que durante años permaneció fragmentada y, en gran medida, normalizada. Mientras continúan recibiendo nuevos testimonios y el Ministerio de Trabajo anuncia más inspecciones, el periodismo colombiano enfrenta una de sus conversaciones más incómodas: la de las condiciones en las que se ejerce el oficio y las estructuras que han permitido que estas prácticas persistan.