La falta de respaldo probatorio del chisme propagado obligó al expresidente que lanzó la piedra a esconder la mano, según la columnista Cecilia Orozco. En un artículo publicado en El Espectador, Orozco denuncia que el ambiente electoral se ha enrarecido por declaraciones venenosas y difusión de odios, sin importar las graves consecuencias.
El origen del rumor
Hace unos días, en un espacio radial de reconocida tendencia política, se difundió una “noticia” según la cual el expresidente Álvaro Uribe había recibido un anónimo que vinculaba a un gobernador activo en la planeación y financiación del magnicidio de Miguel Uribe Turbay. La información fue lanzada sin fuentes conocidas ni evidencias documentales.
La autora de la divulgación añadió que se omitía el nombre del presunto gobernador porque no había pruebas reales, pero le dio credibilidad al recalcar que las autoridades deben investigar. Horas después, el rumor cobró rostro: el gobernador de Nariño, Luis Alfonso Escobar, fue señalado como el supuesto asesino o cómplice.
El blanco político
Escobar, uno de los tres gobernadores elegidos por el Pacto Histórico en 2023, se convirtió en sospechoso por su ideología izquierdista. Además, gobierna el territorio limítrofe con Ecuador, cuyo presidente, Daniel Noboa, ha intervenido en política interna colombiana, mientras recibe a líderes del Centro Democrático.
El expresidente Uribe, destinatario del anónimo, es huésped de Noboa, y el gobernador pertenece al partido del antagonista de Noboa, Gustavo Petro. Orozco califica la situación como retorcida pero clara en sus intenciones.
La defensa de Escobar y la reacción del padre de la víctima
El gobernador salió en su defensa y acusó a Uribe de ponerle una lápida en la cabeza. Uribe, en una entrevista, aseguró que el anónimo tenía origen conocido pero no lo reveló, y negó haber mencionado públicamente el nombre del gobernador.
El padre de Miguel Uribe Turbay, Miguel Uribe Londoño, rechazó el uso del dolor de su familia para montar cortinas de humo. Señaló que los señalamientos contra Escobar basados en un anónimo son infundados y calificó como un abuso del Centro Democrático utilizar el nombre de su hijo en campaña.
Conclusión
Orozco concluye que este episodio demuestra el desespero por alcanzar el poder público, empujando la campaña electoral hacia un abismo donde se vence o se muere, o peor, se mata para vencer.



