Vladimir Putin declara oficialmente un sueldo de 10.400 dólares al mes y un patrimonio modesto: medio millón en depósitos, un apartamento de 77 metros cuadrados en San Petersburgo, otro inmueble de 153 metros en Moscú, tres vehículos de gama media y acciones en algunas compañías. Sin embargo, investigaciones periodísticas señalan que su fortuna real podría alcanzar los 200.000 millones de dólares, ubicándolo entre los hombres más ricos del planeta.
El entramado de testaferros
Según el periodista francés Vincent Jauvert, autor de Kremlin confidencial, el verdadero Putin, la riqueza del presidente ruso se oculta mediante una red de testaferros, principalmente familiares y amigos de infancia. “Gracias a varios testaferros, la fortuna oculta del patrón del Kremlin puede llegar a sumar varias decenas de miles de millones de dólares”, afirmó Jauvert en entrevista con Le Point.
Bill Browder, quien fue el mayor inversionista extranjero en Rusia, declaró ante el Comité Judicial del Senado de EE.UU. en 2017 que la fortuna de Putin ronda los 200.000 millones de dólares, una cifra comparable a la de Jeff Bezos o Mark Zuckerberg. Aunque Jauvert considera esa estimación “exagerada”, coincide en que se trata de una fortuna enorme.
El origen de la riqueza
Según Browder, el punto de inflexión ocurrió en 2003, cuando el oligarca Mijaíl Khodorkovsky fue encarcelado por fraude y evasión fiscal. “Tras esa condena, los otros oligarcas acudieron a Putin para saber qué debían hacer para evitar terminar tras las rejas. Por lo ocurrido luego, parece que la respuesta de Putin fue: ‘Quiero el 50 por ciento’”, afirmó Browder.
Los Panama Papers revelaron cuentas offshore por 2.000 millones de dólares a nombre de Serguéi Rolduguin, amigo de infancia de Putin y violonchelista, quien no podía haber acumulado esa fortuna con su carrera musical. “Los asesores financieros de Putin establecieron circuitos de evasión cada vez más sofisticados y diversificados, que aún no han sido descubiertos”, explica Jauvert.
Muertes sospechosas
Entre 2022 y 2025, al menos 25 personas cercanas a Putin, entre oligarcas, testaferros y exfuncionarios, han muerto en circunstancias misteriosas en Rusia y otros países. Los investigadores sospechan que estas muertes buscan ocultar las ramificaciones de su fortuna ante las sanciones occidentales por la invasión a Ucrania.
El palacio de Sochi
Uno de los mayores símbolos de la riqueza de Putin es el palacio en Sochi, a orillas del mar Negro. Según el testimonio del médico militar Serguéi Kolesnikov, inicialmente se trataba de una edificación de 16 millones de dólares, pero el proyecto se expandió hasta incluir un teatro de invierno, tres helipuertos, una discoteca, una pista de hielo subterránea, una marina y otros lujos, con un costo total superior a los 1.000 millones de dólares. Las instalaciones ocupan 18.000 metros cuadrados.
Kolesnikov, quien fue accionista de Petromed, una empresa que importaba equipo médico a Rusia, denunció que las enormes comisiones de esos contratos iban a parar a cuentas en Liechtenstein a nombre de Lirus Investment Holding, que según la OCCRP pertenece en un 94% a Putin.
Familiares y amantes beneficiados
La exesposa de Putin, Liudmila Shkrébneva, y sus hijas María y Ekaterina han recibido costosos regalos y participaciones en sociedades. Liudmila obtuvo un apartamento de lujo cerca del Kremlin, una mansión en un exclusivo suburbio de Moscú y una villa en Biarritz, Francia, que fue confiscada tras las sanciones.
Svetlana Krivonogikh, amante de Putin en los años noventa, se convirtió en propietaria de una firma offshore en las Islas Vírgenes Británicas que adquirió un apartamento en Mónaco por cuatro millones de dólares y un yate de 37 metros. Su fortuna se estima en 100 millones de dólares.
Otra amante, Alina, gimnasta medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, también ha recibido regalos y participaciones societarias. Según Jauvert, los oligarcas a veces entregan directamente “regalos al mandatario o a miembros de su familia, como bienes inmobiliarios y yates”.
Yates y aviones
Putin posee una flota de yates, entre ellos el Graceful, de 12 suites, helipuerto, piscina cubierta transformable en pista de baile y una cava con 400 botellas de vino. Otro yate, valorado en 700 millones de dólares, está a nombre de un oligarca pero se atribuye a Putin. Su flota aérea incluye más de 50 aviones, entre ellos el “Kremlin volante”, un superjet privado de 716 millones de dólares.
El descontento en Rusia
Según Jauvert, muchos rusos conocen la riqueza de Putin y durante años la aceptaron a cambio de “migajas sustanciales”. Sin embargo, “con la inflación galopante, las altas tasas de interés, los cortes de internet para censurar noticias y los cientos de miles de muertos en Ucrania, ese pueblo se siente engañado, y el descontento comienza a asomar”.
La revista Forbes, que ha investigado durante dos décadas, califica la verdadera riqueza de Putin como “probablemente el enigma más esquivo en la búsqueda de fortunas”. El economista sueco Anders Åslund estima su patrimonio neto entre 100.000 y 130.000 millones de dólares.



