Lo que empezó como una ruidosa campaña para sacar a Carlos Fernando Galán de la Alcaldía de Bogotá terminó en un silencio absoluto y un fracaso administrativo sin precedentes. Este sábado se confirmó que la iniciativa de revocatoria liderada por el concejal del Pacto Histórico, Jairo Avellaneda, se hundió oficialmente al no cumplir con la entrega de las firmas dentro del plazo legal establecido por la Registraduría Nacional.
Promesas incumplidas
A pesar de que Avellaneda aseguró en repetidas ocasiones que tenía el respaldo de más de 500.000 ciudadanos, la realidad en la ventanilla de la entidad electoral fue otra: no se radicó ni un solo formulario. Fuentes cercanas al proceso aseguran que los promotores llegaron tarde a la cita legal, un error técnico que sepulta cualquier posibilidad de llevar el mandato de Galán a las urnas.
De 500.000 a la nada
El proceso, que pretendía capitalizar el malestar ciudadano por la inseguridad y las basuras en la capital, se fue desinflando con el paso de los meses. Aunque las encuestas de percepción como ‘Bogotá Cómo Vamos’ muestran un descontento real en las calles, ese ruido no se tradujo en organización. Versiones internas indican que el comité apenas habría alcanzado a recolectar unas 35.000 firmas, una cifra ínfima comparada con el censo electoral requerido para activar el mecanismo.
Galán blindado hasta 2027
Con este hundimiento, el alcalde Galán queda blindado. La normativa electoral colombiana es estricta: las revocatorias tienen tiempos técnicos muy específicos y, a estas alturas del mandato, es inviable iniciar un nuevo proceso. La ley impide adelantar estos trámites cuando falta menos de un año para terminar el periodo o durante el primer año de gestión; por lo tanto, el camino para Galán está despejado hasta el 31 de diciembre de 2027.
Fractura en la oposición
El fracaso también deja en evidencia la fractura en la oposición distrital. Lo que inició con el apoyo de varios cabildantes terminó con Avellaneda prácticamente solo, luego de que otros sectores políticos retiraran su respaldo ante la falta de estructura y fuerza en la recolección. Mientras los promotores se quedan sin argumentos, en la Alcaldía ven este desenlace como un espaldarazo indirecto para continuar con las obras de infraestructura y los planes de movilidad que tanto han defendido.



