¿En qué manos quedaría Colombia si el presidente falta?
¿En qué manos quedaría Colombia si el presidente falta?

En Colombia, la falta absoluta del presidente de la República no constituye una hipótesis remota ni una simple formalidad: es una posibilidad prevista con rigor por la Constitución. La muerte, la renuncia aceptada, la destitución, la incapacidad física o el abandono del cargo activan el mecanismo de sucesión: el vicepresidente asume, de manera plena e inmediata, la jefatura del Estado por el resto del período constitucional. Sin nuevas elecciones ni margen para rectificaciones.

Esa disposición, concebida para garantizar la continuidad institucional, impone al ciudadano una responsabilidad superior: votar por un presidente no significa únicamente respaldar un liderazgo, una ideología o un programa. Implica también escoger a quien eventualmente podría ejercer el poder. Es decir, el voto presidencial entraña una decisión implícita sobre la sucesión.

Sin embargo, ese hecho suele quedar sepultado bajo el ruido de las campañas. Se discuten discursos, promesas y estilos, pero se elude una pregunta esencial: si el titular falta, ¿en qué manos quedaríamos? Y aún más: ¿con qué preparación y experiencia?

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Hoy, esa pregunta resulta inevitable. En una nación marcada por la violencia y la polarización, no es exagerado advertir que la estabilidad del Estado podría depender, en un momento crítico, de quien ocupe la Vicepresidencia. No se trata de alarmismo, sino de una previsión sensata.

El vicepresidente no es una figura decorativa ni el simple resultado de un acuerdo electoral. Es, en esencia, un presidente en potencia. Miremos.

Las fórmulas vicepresidenciales en la contienda

En la fórmula de extrema izquierda, el candidato comunista Iván Cepeda escogió a la líder indígena Aida Quilcué. Su trayectoria se ha desarrollado en escenarios comunitarios, sin experiencia en la administración pública. Representa a la élite del Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric). En un eventual escenario de sucesión, la conducción del Gobierno recaería sobre una persona inexperta en el manejo del poder público, en medio de una coyuntura, por definición, crítica.

En la alianza de centroderecha, el candidato vicepresidencial de Paloma Valencia es Juan Daniel Oviedo, un novel político de centroizquierda. Posee buena formación académica y experiencia como asesor y director del Dane. Sin embargo, la propia construcción de esa fórmula —“entre distintos”— ha dejado en evidencia tensiones y diferencias de fondo. Oviedo posee convicciones ideológicas diametralmente opuestas a las de Paloma. Gobernar exige coherencia; suceder en medio de discrepancias sustanciales —más que entre distintos, entre contrarios— plantea serios interrogantes para sus potenciales electores.

En otro escenario de la derecha aparece el candidato Abelardo de la Espriella, junto a José Manuel Restrepo, una fórmula que ha mostrado armonía y conexión. El perfil de Restrepo combina academia, consultoría empresarial y profundo conocimiento del Estado. Cuenta con experiencia en la conducción de políticas públicas en momentos complejos, como la pandemia. Rector de varias universidades y durante cuatro años ministro de Comercio y Hacienda. En caso de falta absoluta del presidente, la conducción del país quedaría en manos de alguien con trayectoria probada en lo público y en la toma de decisiones de alta complejidad.

La importancia de elegir bien al vicepresidente

El punto de fondo es evidente: el vicepresidente no es una figura decorativa ni el simple resultado de un acuerdo electoral. Es, en esencia, un presidente en potencia. Ignorar esa realidad constituye una irresponsabilidad. Porque el día en que la sucesión deje de ser una hipótesis y se convierta en realidad, la nación no tendrá espacio para la improvisación. Al final, la pregunta no es retórica. Es profundamente seria: cuando llegue el momento —si llega—, ¿en qué manos quedaría el país?

Paz en su tumba. En la plenitud de su vida, se fue el vicepresidente que tuvo más estatura que muchos presidentes. Descanse en paz, Germán Vargas Lleras.

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