El fracaso del centro en las elecciones colombianas
El fracaso del centro en Colombia

A dos semanas de que los colombianos acudan a las urnas, un hecho se ha vuelto innegable: el centro político ha fracasado como opción viable para llegar a la Presidencia de la República. En comicios anteriores, esta corriente logró conquistar a un sector del electorado y acumular un caudal de votos significativo, aunque insuficiente para alcanzar la segunda vuelta, pero sí para edificar un capital político a mediano o largo plazo. Sin embargo, en esta ocasión, esa posibilidad se ha desvanecido por completo. Ninguna de las opciones reconocidas como de centro, ni aquellas que intentaban camuflarse bajo esa etiqueta, lograron despegar en las encuestas.

La polarización no deja espacio

Hoy, el país se debate entre dos fuerzas antagónicas, producto de una polarización que ha marcado la política nacional durante años. En este escenario, no hay cabida para discursos alternativos. La división es clara: quienes respaldan el proyecto político actual y quienes, a toda costa, buscan desmantelarlo. En medio de esta confrontación, lo que antes representaba moderación, consenso y una opción distinta —ni mejor ni peor que las favoritas— se ha diluido en un mar de encuestas, algunas de ellas cuestionadas, que señalan a Iván Cepeda como el candidato seguro para pasar a segunda vuelta, mientras que Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia luchan por acompañarlo, con el primero mostrando mayores posibilidades. Como consecuencia, el centro ha quedado reducido al papel de espectador o comodín en entrevistas mediáticas, sin una oportunidad real de avanzar.

¿Qué ocurrió con el centro?

Los análisis indican que, en una realidad como la colombiana y la de otros países del continente, hace tiempo que no hay espacio para el centro. Existen dos formas únicas de concebir el país: una que define al gobierno y otra a la oposición, más un sector que no cree en el sistema, no vota y se refugia en el abstencionismo. Esto allana el camino para medir las posibilidades reales de quienes aspiran al poder. Sin embargo, más allá de esta explicación, la verdad es que las candidaturas de centro cometieron un pecado capital: la atomización. Esta fragmentación contradice su esencia misma de concertación. Si el centro es incapaz de unirse, ¿cómo podría invitar a la unidad del país?

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Algunos líderes lo intentaron. Claudia López propuso una consulta, pero Sergio Fajardo la rechazó. Por su parte, Juan Daniel Oviedo, quien contaba con el potencial más interesante, decidió sumarse a una candidatura de derecha, arriesgándose a mantener sus votos o perderlos definitivamente. El tiempo dirá si fue una decisión acertada.

Discurso sin conexión

Quizás lo más revelador es que el discurso de las candidaturas de centro no logró conectar ni emocionar, ni siquiera a sus votantes más fieles, quienes ahora se inclinan por un voto útil, aunque este no los represente plenamente. Esto evidencia el sentir del electorado: o me identifico con las ideas del Pacto Histórico o me alineo con quienes creen que cuatro años más no son lo que Colombia necesita.

Lo que se juega el 31 de mayo

En conclusión, lo que está en juego el 31 de mayo es quién acompañará a Iván Cepeda en la segunda vuelta: Abelardo de la Espriella, con una mayor intención de voto aparente, o Paloma Valencia, respaldada por una organización política más sólida. También se definirá cuántos votos logran sumar cada uno, para saber en qué terreno quedan parados, en caso de que no haya una sorpresa que las encuestas no previeron y tengamos presidente en primera vuelta. Mientras tanto, los candidatos de centro obtendrán una suma pírrica de votos, suficiente para negociar 'alguito' y ver si logran resurgir, como el meme que circula, en 2030.

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