Organizar un debate presidencial se ha convertido en una tarea similar a la de organizar un concierto de Taylor Swift en Colombia. Las exigencias de quienes puntean las encuestas son comparables a las que hace cualquier superestrella para tener excentricidades en su camerino, pero son simples excusas. ¿Por qué? Lo explico con el siguiente traductor.
Las excusas de los candidatos y su verdadero significado
Exclusión del centro político
Si dice: “El debate es sólo con quienes piensan radicalmente opuesto a mi propuesta; hay otras candidaturas con las que podemos conversar en otros espacios”, realmente quiere decir: “No soy capaz de sostener un debate democrático con quienes difieren de algunas ideas mías, pero coinciden en otras. Lo que llaman centro político sí existe y lo nombro ahora que tienen pocos chances de ganar. Reconozco a ese centro ahora, pero para excluirlo. En el pasado, cuando esa línea moderada sí tenía posibilidades, le quité cualquier reconocimiento señalando que eran realmente un ala radical enmascarada”.
Evitar exposición después de malos resultados
Si dice: “Te propuse debatir y no quisiste; ya no es tiempo porque debo enfocarme en mi electorado”, realmente quiere decir: “Me probé en dos o tres foros con otros candidatos y no me fue bien porque no conozco realmente los asuntos del Estado. Así que mejor seguir la campaña sin exponerme más porque mi capital político es muy frágil ya que reside únicamente en una narrativa de miedo basada en el espectáculo”.
Conexión directa sin contrapeso
Si dice: “Yo no necesito asistir a debates. Me conecto directamente con el pueblo en la plaza pública”, realmente quiere decir: “Es muy conveniente demostrar músculo político llenando plazas, pero sin tener contrapreguntas o cualquier tipo de contrapeso a mi discurso. Con eso basta y sobra…”
Imposición de condiciones
Si dice: “Debates sí, pero con garantías suficientes. Con la agenda apropiada y los candidatos que pedí”, realmente quiere decir: “Lo que llamo garantías suficientes realmente es la imposición de mis propias condiciones para beneficio absoluto de mi candidatura. No me importa la pluralidad o el disenso porque eso promueve el pensamiento crítico individual y yo, por el contrario, obtengo mis votos del sentimiento colectivo tribal que anula la autocrítica”.
La perspectiva de los votantes
Si uno de sus votantes dice: “Los debates son puro show de esos circos que llaman medios. Los debates de hoy no tienen nivel intelectual; así para qué…”, realmente quiere decir: “No tengo interés en escuchar otras alternativas políticas porque he invertido mucho tiempo en la burbuja política en la que me encuentro. No me interesa contrastar opciones o conceptos porque podría arriesgarme a descubrir que hay ideas en las que creo que debería replantearme. No quiero descubrir que he dedicado mucho esfuerzo a defender algo que no estaba del todo bien…”
Un cambio preocupante en la democracia
Durante décadas, los políticos que se mostraban como alternativos, sea por su línea social o por presentarse como outsiders, batallaron para ser incluidos en debates presidenciales. Aseguraban que era injusto que sólo se convocaran a los punteros liberales y conservadores. Hoy la torta se volteó y son esos políticos los que no van a debates. Nada bueno sale de ahí para la democracia. Faltaría nada más que para asistir a sus masivos eventos empiecen a vender boletas con palcos, como las estrellas que creen ser.
Por Daniel Ruge Chamucero, ganador en dos ocasiones del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, colaborador de 6AM Hoy por Hoy de Caracol Radio y de la Tele Letal. Es comunicador social y estudió una maestría en Derecho Internacional.



