Universos paralelos: el peligro de la negación electoral
Universos paralelos: peligro de la negación electoral

Hace poco más de cinco años, en enero de 2021, el mundo observó estupefacto cómo el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se negaba a aceptar su derrota en las elecciones que llevaron a Joe Biden al poder. Su argumento era un delirio: afirmaba haber ganado contra toda evidencia. Afortunadamente, las instituciones estadounidenses resistieron, pero el episodio dejó secuelas profundas.

El fanatismo como motor de la negación

Lo más alarmante no fue la locura de Trump, sino la turba que lo seguía, capaz de repetir sus mentiras sin rubor. Eso llevó al asalto al Capitolio. La alienación política de esos seguidores los llevó a vivir en un universo paralelo, donde solo caben sus consignas sectarias y prejuicios.

El caso de Brasil

Algo similar ocurrió en noviembre de 2022, cuando Jair Bolsonaro perdió las elecciones en Brasil. No solo no reconoció su derrota, sino que se escondió y luego incitó a sus seguidores a defender un triunfo imaginario. Si se cree que las instituciones democráticas son un capricho, el sistema electoral se vuelve prescindible.

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Una sociedad que acepta que el perdedor no reconozca su derrota está perdida. La democracia se basa en la confianza en los procesos electorales. Quienes justifican estas actitudes suelen presumir de superioridad moral, pero ignoran su propio fanatismo.

Este fenómeno no es exclusivo de Estados Unidos o Brasil. En muchas partes del mundo, la pasión ideológica lleva a la gente a preferir una realidad distorsionada, donde el adversario es un enemigo o un idiota. La democracia se debilita cuando la verdad se subordina a la lealtad partidista.

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