En los últimos años, se escucha con frecuencia que China está haciendo las cosas bien, que el futuro pertenece a ese país y no a Estados Unidos, y que eventualmente migraremos hacia modelos orientales más eficientes. Sin embargo, en este artículo se presentan razones filosóficas, no económicas, para cuestionar esa idea. El análisis se basa en el libro Shanzhai. El arte de la falsificación y la deconstrucción en China (2016), del filósofo surcoreano Byung-Chul Han.
La copia como base del modelo chino
Según Byung-Chul Han, el modelo chino de producción de bienes se fundamenta en la reproducción y la copia, no en la creación de algo nuevo. Aunque se puedan producir versiones mejoradas de inventos foráneos, en esencia se trata de forjar copias, no de generar originales. Esta característica no responde a factores económicos o de fabricación, sino a una profunda diferencia entre el pensamiento filosófico chino y el occidental.
El esencialismo occidental
En Occidente, la idea de un original frente a una copia se remonta a Platón, quien despreciaba a los poetas por imitar una imitación. El mundo sensible es una copia imperfecta del mundo de las ideas (eidos). Esta visión jerarquizada valora el Ser y desprecia el no-Ser, siguiendo la lógica de Parménides: el Ser es y el no-Ser no es. Por eso, un cuadro original de Da Vinci es venerado, mientras que una copia carece de valor.
El pensamiento chino: inmanencia e iteración
En contraste, el pensamiento chino no es esencialista. La verdad, entendida como técnica cultural que excluye y trasciende, no opera aquí. En su lugar, hay una técnica basada en la inclusión y la inmanencia. La relación entre original y copia es radicalmente distinta: los originales se preservan mediante las copias. En un ciclo infinito de vida, no existe nada único, originario o definitivo; solo hay repeticiones y reproducciones. La iteración reemplaza a la creación, la recurrencia a la revolución, y los módulos a los arquetipos.
Shanzhai: el neologismo de la copia
El término shanzhai se usa en chino para designar lo "fake". Es omnipresente: hay libros shanzhai, premios Nobel shanzhai, películas shanzhai, diputados shanzhai e incluso estrellas shanzhai. Ejemplos conocidos son los productos electrónicos como los Walkman "Naiwa" (en lugar de Aiwa), el "Sonaky" (frente a Sony) o los tenis "Addidas" (que imitan a Adidas). Esta producción imitativa ha creado un pensamiento más "armónico" que disruptivo o singular.
La vulnerabilidad del modelo chino
La producción en masa requiere, tarde o temprano, un prototipo original. La capacidad de crear lo original depende de un dispositivo cultural y educativo que solo ha emergido en Occidente, especialmente desde la Ilustración: la deslealtad y la desobediencia dentro de un marco de sujeción a la ley. Rousseau distinguió entre educación pública y privada: la primera enseña obediencia incondicional a los intereses del grupo; la segunda, en el ámbito del pensar, enseña a desobedecer toda imposición, a cuestionar tradiciones e instituciones. Kant retomó esta distinción con los conceptos de uso público y privado de la razón.
Una sociedad que no genera, junto a la obediencia, la posibilidad de disentir, no podrá crear nada nuevo y estará condenada a la imitación. Sin Einstein, no habría teoría de la relatividad; sin Freud, no habría psicoanálisis; sin Darwin, no habría teoría de la evolución. Todos ellos desafiaron el pensamiento establecido.
Muchos consideran que el futuro es inevitablemente chino, confundiendo la eficiencia imitativa con el liderazgo global. Pero cabe preguntarse si el disenso y el pensamiento creativo serían posibles bajo un sistema basado en la repetición y la reproducción.



