La Facultad de Medicina de Cartagena: De la tiza a la IA, un viaje de 40 años
Medicina en Cartagena: de la tiza a la IA en 40 años

La Facultad de Medicina de Cartagena: Un viaje desde la tiza hasta la inteligencia artificial

Al cruzar el arco de medio punto que separa la calle del claustro histórico, se accede a un mundo donde el ruido del pensamiento y la transición del bachillerato a la universidad se funden con siglos de historia. La Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena ha sido testigo de cambios profundos, desde una era sin internet, donde el conocimiento era un tesoro custodiado en volúmenes impresos, hasta la actualidad dominada por la tecnología.

El pasado: Un mundo sin pantallas ni algoritmos

En aquellos días, la incertidumbre se disipaba ante la verdad absoluta que emanaba de las elocuentes lecciones de maestros como Roberto Figueroa, Arnold Puello, Miguel Guisays o Apolinar Hoyos. La investigación yacía en la biblioteca, bajo la atenta mirada de Josefina Castellar, y lo más cercano a un dispositivo móvil eran las fotocopias y los voluminosos libros. El Power Point era una utopía, reemplazado por tiza y tablero, mientras que la inteligencia artificial se reducía a grupos de estudio formados por afinidad alfabética, vecindad o amores furtivos.

Las afugias estudiantiles se matizaban con la "mamadera de gallo" en bancas del parque o tiendas de esquina, ya que Instagram y Facebook no existían. En su lugar, los celadores, ventorrillos de comida trasnochada o vendedores de tinto cumplían roles sociales. Los semestres duraban 10 meses y los años podían extenderse hasta 16, llenos de conocimientos, paros y marchas políticas. El anfiteatro y la morgue, hoy convertidos en piscinas y jardines de un lujoso hotel, eran espacios de aprendizaje y reflexión.

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La transformación: De la intuición al algoritmo

Esta generación vivió cambios dramáticos: de la intuición clínica al algoritmo digital, de la auscultación tradicional al diagnóstico por píxeles, y de la escasez de información a la infoxicación actual. La autarquía médica ha dado paso a un acto cuestionado por "Dr. Google", donde los pacientes llegan con investigaciones previas. La Universidad de Cartagena proporcionó las herramientas para adaptarse, fomentando más curiosidad que certeza y más vocación que técnica pura.

Cuarenta años después, experiencias con miles de pacientes, una pandemia global y la partida de algunos colegas han reforzado que la vida, incluso para quienes la cuidan, es frágil y finita. No se idealiza el pasado, pero se aprendió que la medicina es una forma de estar presente ante el milagro de la vida, la compasión ante el dolor y la humildad ante la muerte.

Reflexiones finales: Humanismo en la era tecnológica

En esta mezcla de sentimientos, triunfos y dolores, se forja la humanidad del médico. Como decía un sabio, "La derrota tiene una dignidad que la ruidosa victoria no conoce". La Facultad de Medicina de Cartagena sigue siendo un símbolo de adaptación, recordando que, a pesar de los avances, el corazón de la profesión reside en la conexión humana y el compromiso con el cuidado.

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