La estrategia universitaria del gobierno Petro enfrenta resistencia y replicas de la derecha
Hace exactamente dos años, el presidente Gustavo Petro estableció a las universidades públicas como el elemento central de su proyecto constituyente. Durante un acto celebrado en la Universidad de Córdoba, el mandatario delineó el primer escenario de confrontación política: "sería necesario recorrer todas las universidades públicas del país para que se organicen las asambleas constituyentes estudiantiles y profesorales". Aunque la reforma constitucional de 1991 ya forma parte del pasado para esta administración, las constituyentes universitarias han continuado su marcha en medio de constantes enfrentamientos entre el gobierno nacional, los gobernadores regionales y los estamentos académicos que escapan a su control directo.
Avance controvertido en las universidades públicas
En la Universidad Nacional de Colombia, donde se intentó imponer un rector violando las normativas vigentes, ya fue elegida una Mesa Constituyente Universitaria compuesta por 238 delegados. Sin embargo, persisten serias dudas sobre su papel real, su legitimidad democrática y su alcance concreto. Se promueve constantemente el discurso de la democratización, pero en los procesos de elección de estos delegados solamente participó el 6,6 % del total de estudiantes matriculados.
En las universidades públicas donde el gobierno ha logrado nombrar rectores tras intervenciones administrativas, como ocurrió en Antioquia y Atlántico, las constituyentes también avanzan con paso firme. El principal temor que expresan diversos sectores académicos es que lo que se presenta como un ejercicio genuino de autonomía universitaria termine convertido en una clara subordinación al gobierno que dirige todo el proceso, y que la prometida democratización derive finalmente en una hegemonía partidista excluyente.
La universidad como campo de batalla electoral
El crecimiento significativo en la oferta de cupos universitarios ha sido una de las banderas principales del presidente Petro, mientras que el voto juvenil constituye uno de sus objetivos políticos fundamentales. Para el gobierno nacional, este proceso trasciende el simple manejo del poder burocrático dentro de las universidades públicas –donde clanes políticos regionales han mantenido históricamente su influencia– y representa más bien una plataforma ideológica y electoral de enorme potencia, además de constituir una especie de punto de honor político irrenunciable.
El presidente tiene absoluta claridad sobre el papel determinante que jugaron los jóvenes en su elección presidencial. Los estudios más rigurosos y serios sobre el comportamiento electoral demuestran que el 64,5 % de los jóvenes entre 18 y 25 años votaron por Petro en la segunda vuelta presidencial. Entre los procesos electorales de 2018 y 2022, Petro sumó más de 600.000 nuevos votos provenientes de jóvenes dentro de ese mismo rango de edad. La universidad representa el principal foro político juvenil del país y desde sus aulas emergen los liderazgos que después se proyectan en las calles y las redes sociales digitales.
La respuesta de la derecha y las tácticas importadas
Los sectores de derecha también comprenden perfectamente esta dinámica y aparentemente han comenzado a visualizar a la universidad privada como la contraparte necesaria frente al creciente control gubernamental sobre las instituciones públicas. Ya han estudiado meticulosamente los métodos empleados por Charlie Kirk en Estados Unidos y parecen completamente dispuestos a replicarlos en el contexto colombiano.
Los discursos de Kirk –asesinado en septiembre del año pasado en la Universidad de Utah– giraban siempre en torno a una lucha cultural dentro de las universidades, a un supuesto sesgo ideológico de izquierda y a un desprecio sistemático hacia las ideas libertarias. La historia de Kirk fue la de un joven sin título universitario que desafió abiertamente al estamento académico tradicional y obtuvo una relevancia política creciente. "No permitas que las universidades te intoxiquen, lucha por tus ideas y actúa con determinación", podría resumirse como uno de sus lemas centrales.
Noticias falsas cuidadosamente elaboradas, insultos raciales, discursos de odio y listas negras de profesores supuestamente dedicados al adoctrinamiento conformaban su repertorio metodológico principal. En Medellín ya hemos sido testigos de la intimidación ejercida por políticos del Centro Democrático contra profesores y directivos de la Universidad Eafit. La presencia de Sandra Ramírez, excombatiente desmovilizada y congresista durante ocho años, incentivó a los sectores de ultraderecha a intentar "recuperar" el control de la universidad.
El peligro del purismo ideológico
Algunos donantes importantes han puesto sus contribuciones financieras en situación de incertidumbre y ya han comenzado a circular en redes sociales listas de profesores catalogados como "izquierdistas". Lo que buscan imponer es un purismo ideológico extremo. Aspiran a que la universidad se convierta en su centro exclusivo de pensamiento partidista. No conciben bajo ningún concepto que personas con ideas políticas diferentes puedan participar activamente en la vida universitaria.
Y lo más lamentable de esta situación es que las directivas universitarias han admitido tácitamente la intimidación, han obedecido presiones externas y no han demostrado el valor necesario para enfrentar con argumentos sólidos a los agitadores ultras. Así se encuentran actualmente las universidades colombianas: sumidas en crisis económicas profundas y en pérdida de relevancia social, con sus campus cada vez más dedicados a la agitación partidista que al debate académico riguroso.



