Pollitos recién nacidos sorprenden a la ciencia con capacidad cerebral ancestral
Un estudio revolucionario de la Universidad de Padua ha demostrado que los pollitos domésticos recién nacidos poseen una capacidad cerebral que hasta ahora se consideraba exclusiva de los seres humanos. La investigación, publicada recientemente, revela que la asociación entre sonidos y formas depende de mecanismos cerebrales predispuestos y no del aprendizaje cultural o ambiental.
El misterio del efecto Bouba-Kiki
El fenómeno conocido como "efecto Bouba-Kiki" ha intrigado a los científicos durante décadas. Este fenómeno describe cómo las personas universalmente asocian sonidos explosivos como "Kiki" con formas puntiagudas, mientras que sonidos suaves como "Bouba" se vinculan con formas redondeadas. El concepto se originó en 1929 con el psicólogo Wolfgang Köhler, pero hasta ahora no se había determinado si esta asociación era aprendida o innata.
La investigación italiana ha resuelto este debate histórico utilizando pollitos domésticos (Gallus gallus) como sujetos experimentales. Los científicos eligieron esta especie porque son animales "precociales" que nacen con sus sentidos completamente desarrollados, lo que permitió controlar rigurosamente su entorno desde el momento de la eclosión.
Metodología científica rigurosa
El equipo de investigación diseñó un experimento en dos fases para eliminar cualquier posibilidad de aprendizaje previo:
- Fase de entrenamiento: Los pollitos aprendieron a buscar alimento detrás de un panel con una figura ambigua.
- Prueba de elección: Se presentaron dos paneles nuevos (uno con forma redonda y otro puntiagudo) mientras se reproducían repetidamente los sonidos "Bouba" o "Kiki".
Los resultados fueron contundentes y estadísticamente significativos. Los pollitos se dirigieron consistentemente al panel puntiagudo cuando escucharon "Kiki" y al panel redondo al oír "Bouba". El análisis estadístico confirmó que estas elecciones no dependían del sexo de los animales, la posición de los paneles o el azar, sino exclusivamente del estímulo sonoro presentado.
Implicaciones evolutivas profundas
Este descubrimiento tiene implicaciones revolucionarias para nuestra comprensión del cerebro y el lenguaje:
- Origen filogenético ancestral: La capacidad de asociar sonidos con formas específicas parece ser un mecanismo cerebral extremadamente antiguo, compartido por especies separadas por aproximadamente 300 millones de años de evolución.
- Base biológica del lenguaje: En los seres humanos, esta capacidad de integrar información sensorial de manera sistemática podría haber servido como andamiaje fundamental para el desarrollo de los primeros vocabularios y sistemas de comunicación.
- Predisposición cerebral universal: El estudio demuestra que el cerebro está estructurado para que ciertos sonidos "encajen" naturalmente con ciertas formas desde las etapas más tempranas de la vida, independientemente de la cultura, educación o experiencia previa.
Los investigadores sugieren que este principio organizativo del cerebro podría ayudar a los animales a interactuar con su entorno basándose en regularidades naturales, como la relación entre el tamaño de un objeto y el tono del sonido que emite.
Un hallazgo que redefine la ciencia cognitiva
Este estudio representa un avance significativo en la comprensión de la cognición animal y humana. Al demostrar que los pollitos, sin experiencia previa ni capacidad de lenguaje, muestran las mismas asociaciones sonido-forma que los seres humanos, la investigación sugiere que el simbolismo sonoro no es una construcción cultural, sino una "asociación multimodal predispuesta" profundamente arraigada en la biología cerebral.
El descubrimiento abre nuevas perspectivas para investigar cómo los cerebros de diferentes especies procesan y asocian información sensorial, y cómo estas capacidades fundamentales pueden haber evolucionado a lo largo de millones de años para dar lugar a formas complejas de comunicación como el lenguaje humano.



