NASA descubre aminoácidos en asteroide Bennu que transforman teoría del origen de la vida
Un revolucionario hallazgo científico de la NASA está replanteando fundamentalmente lo que sabemos sobre los orígenes de la vida en nuestro planeta y posiblemente en todo el universo. Investigadores de la agencia espacial estadounidense han identificado componentes clave en muestras del asteroide Bennu que desafían las teorías establecidas sobre cómo se formaron los bloques fundamentales de la vida.
Un descubrimiento que cambia paradigmas científicos
El asteroide Bennu, considerado un objeto primitivo que ha permanecido prácticamente inalterado desde la formación del sistema solar hace aproximadamente 4.600 millones de años, ha revelado secretos que podrían reescribir los libros de ciencia. Las muestras de roca traídas a la Tierra en 2023 por la misión OSIRIS-REx de la NASA contienen aminoácidos que muestran características completamente diferentes a lo que los científicos habían anticipado.
"Nuestros hallazgos transforman la idea que teníamos sobre la formación de aminoácidos en los asteroides", afirma Allison Baczynski, profesora adjunta de investigación en geociencias en la Universidad Estatal de Pensilvania y coautora principal del estudio publicado en Actas de la Academia Nacional de Ciencias. "Ahora parece que estos componentes básicos de la vida pueden formarse en una variedad mucho más amplia de condiciones, no solo en presencia de agua líquida caliente".
Metodología científica de vanguardia
Para llegar a estas conclusiones trascendentales, el equipo de investigación analizó una muestra extremadamente valiosa de polvo espacial del asteroide Bennu, utilizando instrumentación de alta precisión especialmente adaptada para medir isótopos. Estos instrumentos permitieron detectar pequeñas variaciones en la masa de los átomos que revelaron patrones completamente nuevos en la formación de aminoácidos.
Los científicos se centraron particularmente en la glicina, el aminoácido más simple compuesto por apenas dos átomos de carbono. La glicina ha sido tradicionalmente considerada un indicador clave de la química prebiótica temprana, y su presencia en cuerpos celestes como asteroides o cometas sugiere que algunos ingredientes esenciales para la vida podrían haberse originado en el espacio antes de llegar a planetas como la Tierra.
Condiciones extremas del sistema solar primitivo
Lo más sorprendente del descubrimiento es que los aminoácidos encontrados en Bennu parecen haberse formado bajo condiciones radicalmente diferentes a las que produjeron aminoácidos en otros meteoritos estudiados previamente. Mientras que meteoritos como el Murchison, que cayó en Australia en 1969, muestran evidencia de formación en ambientes con agua líquida y temperaturas moderadas, los aminoácidos de Bennu presentan un patrón isotópico claramente distinto.
"Esto sugiere que los cuerpos progenitores de Bennu y Murchison se originaron en regiones químicamente diferentes del sistema solar", explica Ophélie McIntosh, investigadora postdoctoral en Penn State y coautora principal del artículo científico. La nueva evidencia indica que la glicina de Bennu pudo haberse formado en hielo congelado expuesto a radiación intensa, en las regiones más frías y hostiles del sistema solar primitivo.
Implicaciones para la búsqueda de vida en el universo
Este descubrimiento tiene profundas implicaciones para nuestra comprensión de cómo podría surgir la vida en otros lugares del cosmos. Si los componentes básicos de la vida pueden formarse en una gama mucho más amplia de condiciones ambientales de lo que se creía anteriormente, las posibilidades de encontrar vida o sus precursores en otros planetas y lunas aumentan significativamente.
La investigación, financiada por varios programas de la NASA incluyendo el Programa Nuevas Fronteras que respalda la misión OSIRIS-REx, abre nuevas preguntas fundamentales sobre el origen de la vida. Los científicos ahora se preguntan sobre la diversidad de procesos que podrían haber dado origen a los componentes básicos de la vida en diferentes regiones del sistema solar primitivo.
"Ahora tenemos más preguntas que respuestas", concluye Baczynski. "Queremos analizar otros meteoritos para saber si siguen patrones similares a los de Bennu y Murchison o si existe una diversidad aún mayor en los procesos que dieron origen a los componentes básicos de la vida".
Este hallazgo histórico representa décadas de inversión en tecnología espacial, instrumentación de alta precisión y programas científicos sostenidos, demostrando cómo la exploración espacial continúa expandiendo los límites de nuestro conocimiento sobre el universo y nuestro lugar en él.