La supuesta neutralidad política de la ciencia de Humboldt bajo la lupa
La obra "Geografía de las plantas equinocciales o cuadro físico de los Andes y países vecinos", publicada en París en 1807 por Alexander von Humboldt y Aimé Bompland, ha sido durante mucho tiempo presentada como un ejemplo de ciencia pura y libre. Sin embargo, esta visión está siendo cuestionada por nuevas perspectivas históricas.
La narrativa tradicional y sus limitaciones
Los biógrafos de Alexander von Humboldt han insistido repetidamente en que su trabajo científico era independiente, al no depender de financiamiento gubernamental o de mecenas particulares. Según esta interpretación, su ciencia era libre y ajena a intereses políticos, lo que supuestamente garantizaba su neutralidad y objetividad.
Esta idea implica que lo político en el conocimiento depende únicamente de factores externos, como intereses sociales que podrían distorsionar el curso natural del pensamiento científico verdadero. En otras palabras, se presenta a lo social y lo político como obstáculos o factores negativos en la historia del conocimiento.
Una perspectiva crítica
Mauricio Nieto Olarte, filósofo de la Universidad de los Andes y doctor en Historia de las Ciencias de la Universidad de Londres, argumenta que esta visión es atractiva pero simplista. Su análisis sugiere que incluso la ciencia de Humboldt, a pesar de su aparente independencia financiera, estaba inevitablemente influenciada por contextos políticos e ideológicos de su época.
La Ilustración, movimiento intelectual del cual Humboldt fue parte, tenía sus propias agendas y visiones del mundo que moldearon cómo se producía y presentaba el conocimiento científico. El "Cuadro Físico" o Tableau physique (también conocido como Naturgemälde) no era simplemente una representación neutral de la naturaleza, sino una construcción que reflejaba ciertas ideas sobre el orden natural y la relación del ser humano con su entorno.
Implicaciones para la historia de la ciencia
Este cuestionamiento invita a reconsiderar cómo entendemos la producción científica histórica. En lugar de ver la política como una contaminación externa, podríamos entenderla como un elemento constitutivo de todo conocimiento, incluyendo el de figuras tan emblemáticas como Humboldt.
La obra de Humboldt sobre la geografía de las plantas en los Andes no fue solo un ejercicio botánico, sino también un "teatro de la historia" que participaba en discusiones más amplias sobre colonialismo, exploración y la representación de territorios no europeos.
Al examinar críticamente estas dimensiones, ganamos una comprensión más rica y matizada de cómo el conocimiento científico se produce siempre dentro de marcos sociales y políticos específicos, incluso cuando parece más independiente.
