La confianza social se construye desde la escuela: un análisis sobre los códigos compartidos
Confianza social: cómo se construye desde la escuela y los códigos

La confianza social se construye desde la escuela: un análisis sobre los códigos compartidos

Hace algunos años, un grupo de amigos entró a un bar desconocido. Por simple curiosidad, uno preguntó al mesero si el lugar era seguro. La respuesta fue inmediata y reveladora: "Claro, como por aquí nunca viene la policía". Esta anécdota, aparentemente trivial, sirve como punto de partida para reflexionar sobre un tema crucial: la confianza en nuestra sociedad.

Los códigos invisibles que gobiernan nuestra convivencia

Aunque valoramos profundamente nuestra vida interior y el espacio privado del hogar, al cruzar el umbral de nuestra casa entramos automáticamente en un territorio gobernado por códigos sociales compartidos. Desde el significado universal del rojo en un semáforo hasta los valores más elevados como la solidaridad, la compasión y el perdón, estos acuerdos tácitos estructuran nuestra interacción diaria.

Dicho de otra manera, cuando salimos a la calle, esperamos que los demás se comporten como nosotros esperamos que lo hagan. No debería haber discusión sobre los códigos básicos: rojo significa detenerse, amarillo prepararse para detenerse y verde continuar la marcha. Una sociedad verdaderamente educada se enfoca más en los mensajes unívocos de estos códigos que en las interpretaciones subjetivas que cada individuo pueda hacer de ellos.

La conducta predecible y el pacto social invisible

Una persona educada muestra una conducta predecible. Sabemos qué podemos esperar de ella y cómo se comportará en situaciones específicas. Cuando caminamos por un paso de cebra porque el ícono peatonal está iluminado en verde, confiamos en que los conductores interpretarán ese mismo código de la misma manera. Pero si cada vez que comenzamos a cruzar debemos verificar si los automovilistas respetarán nuestro derecho de paso, entonces hemos perdido la confianza en ese pacto social invisible.

El "daltonismo ético" que atribuimos a los demás es el mismo que ellos podrían atribuirnos a nosotros. Recuperar la confianza en todo lo que nos rodea cuando salimos de casa puede tomar décadas, mientras que perderla puede ocurrir en un instante. Incluso cuando los conductores tienen luz verde para avanzar, hacen bien en verificar que no haya peatones que no hayan entendido o respetado el acuerdo universal.

La erosión de la confianza en múltiples dimensiones

El ejemplo del tráfico es apenas uno de muchos que ilustran cuánta confianza hemos perdido como sociedad colectiva. Esta desconfianza se extiende a múltiples dimensiones de nuestra vida en común:

  • En las instituciones públicas y privadas
  • En nuestros vecinos y comunidad inmediata
  • En las organizaciones religiosas y espirituales
  • En los funcionarios y servidores públicos
  • En el Congreso y las estructuras legislativas
  • En los políticos y representantes electos

En última instancia, esta desconfianza generalizada se traduce en una pérdida de confianza en nosotros mismos como sociedad. Es extremadamente difícil disfrutar plenamente de la vida cuando desconfiamos sistemáticamente de todo y de todos.

La escuela como cuna de la confianza social

¿Dónde comienza a construirse esta confianza fundamental? La respuesta es clara y contundente: en la escuela. Es en este espacio donde los niños aprenden que la única manera de confiar en sí mismos es aprender a confiar en los demás: en sus maestros, en sus compañeros, en la estructura misma del aprendizaje.

En la escuela debe estar permitido equivocarse para poder aprender genuinamente. Es aquí donde se desactiva la primera pulsión agazapada de la desconfianza. En las aulas y patios escolares se experimenta, se ríe, se juega, se llora, se pierde y se gana en el transcurso de unas pocas horas. Se aprende que todo importa y que, al mismo tiempo, no todo tiene una importancia absoluta.

Pero, sobre todo, en la escuela ocurre todo este proceso de construcción de confianza precisamente porque para llegar a ella tuvimos que tomar el riesgo inicial de salir de casa. Este acto aparentemente simple representa el primer paso hacia la construcción de una sociedad basada en la confianza mutua y los códigos compartidos.

Por Juan Carlos Bayona Vargas, Educador.