Boske Violeta: El programa que cultiva liderazgo en niñas cartageneras
En un salón de Cartagena, la energía es palpable. Franchesca, de 17 años, alza la mirada con una mezcla de nerviosismo y determinación. Está a punto de representar a una gran lideresa histórica, un ejercicio que forma parte de Boske Violeta, el programa de liderazgo de Global Shapers Cartagena. En la primera fila, sus compañeras la observan con orgullo, conscientes de que todas comparten grandes aspiraciones y las están construyendo colectivamente.
Voces que se atreven a soñar en voz alta
La dinámica cambia: ahora no deben interpretar a otras, sino hablar en nombre propio. Dulce, de 16 años y residente en Pasacaballos, toma la palabra primero. "Me motiva todo lo que me hace sentir viva y me impulsa a crear impacto", afirma con una mezcla de timidez y firmeza. Esta joven, apasionada por el aprendizaje y con facilidad para conectar con otras personas, comparte sus aspiraciones académicas y profesionales.
"Quiero estudiar Negocios Internacionales para aplicar lo aprendido en Boske Violeta sobre liderazgo, tecnología y emprendimiento", expresa Dulce. Su visión incluye crear soluciones que conecten culturas, promuevan desarrollo sostenible y generen oportunidades para su comunidad y más allá.
Exploradoras de posibilidades
Taliana, quien prefiere ser llamada Tali, se define como una fuerza imparable y arquitecta de posibilidades. Guiada por la convicción de que "el que no vive para servir, no sirve para vivir", esta joven encuentra satisfacción en hacer felices a los demás.
"Soy una exploradora de historias, una creadora de conexiones", manifiesta Tali durante su intervención. "Quiero ver el mundo, absorber diferencias culturales y traerme conmigo el cuento completo de cada nuevo lugar". Para ella, Boske Violeta representó una respuesta a sus peticiones de encontrar un espacio que la sacara de su zona de confort.
Historias de resiliencia y propósito
Franchesca comparte una trayectoria marcada por el esfuerzo. "Desde pequeña aprendí que los sueños no siempre venían acompañados de caminos fáciles", relata. Creció en Cartagena en una familia que le enseñó a valorar el trabajo duro, incluso cuando las condiciones no eran óptimas.
Esta joven descubrió tempranamente su amor por el liderazgo y el ámbito social-político. La escritura se convirtió en su refugio y herramienta, llegando a crear dos libros con fragmentos de su historia. "Una experiencia marcó mi propósito de vida: al conocer la historia de una persona que envejeció sin oportunidades ni condiciones dignas, comprendí que a muchos no les faltó talento, sino posibilidades", confiesa Franchesca.
Resistencia a través del conocimiento
Yerismar, de 15 años y originaria del corregimiento de Bayunca, enfrentó desde temprano desafíos económicos, culturales y sociales. Crecer en un contexto marcado por la desigualdad y limitadas oportunidades para las mujeres no la detuvo, sino que fortaleció su determinación.
"Me motiva no quedarme quieta frente a la desigualdad que veo todos los días", expresa Yerismar, quien asume el rol de representante estudiantil en su institución. Su identidad como afro le ha dado conciencia sobre las disparidades sociales y un deseo firme de transformación. "Encontré en la educación una forma de resistir y en la ciencia una posibilidad real de transformar", añade.
Una incubadora de innovación y empoderamiento
Dulce, Taliana, Franchesca y Yerismar representan solo algunas de las más de 20 niñas que participaron en Boske Violeta, programa insignia de Global Shapers Cartagena que funcionó durante seis meses como incubadora de innovación, empoderamiento y liderazgo.
Angélica, miembro de Global Shapers Cartagena y líder del proyecto, explica la filosofía del programa: "Formar liderazgos no es solo enseñar herramientas, sino sembrar condiciones". "Sembrar espacios seguros, sembrar confianza, sembrar redes de apoyo. Eso fue lo que hicimos durante estos meses: sembrar una semilla para que, con el tiempo, crezcan bosques seguros, donde las niñas puedan pensar, crear y expresarse sin miedo".
Resultados transformadores
Durante el programa, las participantes lograron:
- Fortalecer el reconocimiento de sus habilidades e intereses
- Ganar mayor seguridad para expresar ideas y tomar decisiones
- Desarrollar mirada crítica y empática hacia su entorno
- Identificar problemáticas reales de sus comunidades
- Transformar inquietudes en propuestas concretas mediante creatividad, pensamiento analítico y trabajo en equipo
La clausura de esta edición de Boske Violeta, realizada el 21 de febrero, dejó como reflexión fundamental que los liderazgos juveniles no se imponen ni aceleran, sino que se construyen cuando existen espacios seguros, redes de apoyo reales y procesos que confían en la capacidad de las niñas para pensar, crear y transformar su entorno con responsabilidad y visión de futuro.
Este programa demuestra cómo iniciativas locales pueden generar impactos significativos en el desarrollo de liderazgos femeninos, especialmente en contextos donde las oportunidades para las niñas y jóvenes han sido tradicionalmente limitadas.